jueves, 18 de junio de 2009

Brasstream Avanzado: Doble Bonus



Tras la publicación de Joshua Tree en 1987, U2 ha recibido Grammys a razón de uno por año. Así hasta sumar 22. Bono ha sido propuesto en dos ocasiones al Nobel de la Paz. Bono encabeza varios rankings de músicos por ingresos y es uno de los personajes del mundo más influyentes según Fortune.

No obstante, todos los productos de U2 se caracterizan por demoledoras críticas adversas. Nadie se acuerda de un maldito hit. Y hay consenso general en que la pobreza musical de sus propuestas es de las más cutres desde el pelotazo Serenata para Neardhentalas Cachondas del 80.000 AC.

Sin embargo, Bono sigue llenando estadios.
¿Cómo? Muy sencillo.

Al devenir conciencia social del mainstream su presencia es obligada en cualquier evento mainstream transnacional, lo que equivale a muchos minutos de publicidad mediática. Bono ha pasado de ser músico a cazatendencias de la caridad global. Su trabajo es sencillo, interesar a la humanidad por calamidades varias cobrando por ello. Pero claro, cobrar directamente por este trabajo sería moralmente censurable, de donde se cobra por producto interpuesto. Se cobra por discos y conciertos que a nadie interesan pero que cuentan con el apoyo mediático de los puntales de un sistema instalado en el consumismo más acrítico.

La música se convierte pues en una moneda de cobro. Y cuando la música degenera en eso pierde todo interés artístico. Son como los cuadros cuyos marcos se utilizan para traficar con cocaína, cualquier juicio estético carece de sentido.
Se buscan canciones insulsas que puedan encapsular arreglos a la moda y no generen rechazo. Se moviliza cierta tecnología teatral de los conciertos, una tecnología que los medios no dudarán en calificar de rompedora, por más que consistan en modestos videomontajes a partir de pantallas gigantes. La aculturación popera del personal pone el resto.

Y así, cuando un adulto debe regalar un disco a su sobrino, piensa en U2 y se dice que no estarán tan pasados de moda. Cuando un consejero de cultura busca un concierto con empaque, a falta de conocimientos en la materia, no le vienen mientes en pagar un sobreprecio por un cantante que, además, llamará la atención sobre el Sida en el Congo (y eso, en el acerbo politico-popero Pajín-Camps, por citar dos ignorantes irreversibles, es guay). Cuando el diario tenga que titular sobre qué aspectos mediáticos destacar de tal evento, lo hará por U2. El círculo se cierra. La cadena se autoalimenta a cuenta del Sida en el Congo.
U2 se ha convertido en una pieza más del metaconsumo marquista. Consumo compulsivo fiado en un envoltorio de responsabilidad social corporativa. Una prueba determinante de que todo cambio social propiciado de arriba abajo sólo persigue, no blindar el sistema, sino a quienes lo dirigen.

O mucho mejor expresado por Céline en este Don Quijote de la Mancha del XX que es El Viaje al Final de la Noche:
Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón.

2 comentarios:

bate dijo...

Se han cargado el prestigio de los Nobel,el de los príncipes de asturias, el Cervantes, se lo han cargado todo. La morralla conquistó el poder, y no lo van a soltar nunca. Todo el universo planetario se irá al carajo. Yo, dimito.

Sr. IA dijo...

Bate: Lamento informar que no se puede dimitir. Hay que seguir desenmascarando el enchuschamiento enquistado. La morralla es un hecho con el que hay que contar.