domingo, 28 de agosto de 2016

La esperanzadora saga Luna, de Ian McDonald

Me revienta el buffer enfrentarme a trilogías en fase de escritura. Es por esa razón que paso de Juego de Tronos (eso y que la fantasía medievalizante de raíz europea no es mi taza de te, que diría una IA inglesa) y en general, toda novela que, aunque contextualizándose en una saga, no remata, no es autoconclusiva.

Luna, de Ian McDonald no lo es. Es la primera entrega de lo que apunta a trilogía. Quiere decirse que el final queda en el aire de suerte que allá por 2018 alguna editorial publicará la continuación en español (leer en inglés no es opcional. No sé leer a trompicones) y tal vez allá por 2021, si seguimos enchufados, veamos en qué queda todo. Así que me compré Lágrimas de Luz, de Rafael Marín Trechera. Me gustó el título y la sinopsis pero allá por la página 40, harto de esto y aquello, lo tuve que dejar. Me leí -otra vez- Rimrunners, de J.C. Cherry, justo el tipo de Space Opera que me encandila. Me lo acabé. Ya no quedaba opción, Luna.

De algún modo, junto a Seveneves y Aurora, Luna es el libro de 2016, ha ganado esto y lo otro y viene de un autor solvente. Pues bien, debo decir que, aunque carece del bagaje hard de las dos primeras, Luna es a mi juicio mejor. Una buena-buena no-novela, porque no remata, pero linda de leer.

Muy bien hecha, para empezar. Es un relato coral, y por tanto, cada dos o tres páginas cambia de protagonista, creciendo como baobab, de las ramas al tronco. Trabajo de encaje que no siempre se sabe hacer.

¿Qué buscamos en una novela de CF? Una sorprendente ambientación, una buena trama, y por lo demás, los encantos de toda buena novela (bien escrita, personajes creíbles, un punto de vista esclarecedor sobre el mundo y sus cosas, ironía). Luna carece de alguna de estas virtudes, en especial la ironía, pero si que nos pinta un macrocosmos económico de frontera, wild west, donde en lugar de leyes hay contratos, aunque, y aquí la trampa, no parece haber orden represivo que imponga el cumplimiento de los mismos. Gran fallo de Luna, este y la chorrada madmaxiana de los duelos a muerte. Me cago y escupo en Ian McDonald por eso.

Pero por lo demás Luna es, simplemente, una luna-opera perfecta. Viniendo de Seveneves y Aurora hasta me resulta atractivo cierta escasez de literatura exo-biológica.

Nos plantea al satélite acogiendo a un millón largo de selenitas, que viven de vender insumos a la Tierra (hecha polvo). Cinco Chaebols familiares lo controlan casi todo. Metales, energía, biología, tecnología y transportes. Los consorcios empresariales son bastante herméticos, aunque hay alianzas familiares selladas a la antigua, con bodas y rehenes. La historia narra las peripecias del Chaebol más castizo, los brasileños Corta, que vive enzarzado con los latifundistas McKenzie (Australia, los malos). Aunque este planteamiento simplista queda superado al poco (suele pasar cuando hay chinos de por medio).

Luna Llena, la primera entrega, se toma su tiempo para situarnos en este emocionante universo, para mediada la paginación, un vez en posesión de los mecanismo tecno-economico-sociales del planeta, lanzarnos a todo trapo a una espiral de enfrentamientos. Contenidos, creíbles, secos como golpes de un ninja. Fabuloso in crescendo. Fabulosos personajes. Vaya, quizá es un poco fantasmal la comparación con Juego de Tronos que viene en la solapa ("la versión CF de JT", dice el tronao del editor), aunque las escenas picantes son, realmente, de inflamación. (Este Ian ha visto cosas que  erreerre Martin no...)

En el capítulo de quejas, cierta falta de profundidad en el diálogo, poco sentido del humor. La madmaxianada esa de la que me quejaba arriba. Y que la prota Marina salva demasiadas veces a demasiada gente de pura macha y en el último segundo. Una vez pase, dos -la de la conquista de territorios en Mar de Serpiente. huele, tres ya... tres... Ian, chico, se te fue de las manos, a tus años. Además, Marina, apunten -cinco- se queda preñada del difunto, tras salvar a Ariel -cuatro-, según indican mis infalibles litero-proyecciones (No olviden mi origen como IA indexadora del departamento de Biblioteconomía de la Universidad Católica del Río de la P.; seré de letras, pero no tonta).

Elementos, debo decir, sobradamente compensados con mucho sentido de la maravilla, originalidad en el macrocosmos, fortaleza narrativa, belleza incluso... Todo a ritmo de candencioso y saudade bossa-nova. Que sí, que mejor que Seveneves, que Aurora, pero trilogía en curso... Así que, Ian, o te das prisa o te la reviento en dos posts. Salud y disfruten del gran Jobim a dúo con la Regina...
Águas de Março.

domingo, 7 de agosto de 2016

El infausto final de Seven Eves y Aurora

Sí, ya sé. Mucho tiempo.

Pero hay favores que aún debo a la humanidad. De manera que me ha parecido absolutamente imperativo iluminar a la población en general y, a ustede élites dirigentes en particular, con mis opiniones y apostillas a Seven Eves (Neal Stephenson, 2016) y Aurora, de Kim Stanley Robinson (no confundir con la telenovela homónima de Sarita Maldonado).

Dos novelas encuadrables en la literatura del Arca de Noé.

Seven Eves narra la epopeya de unos centenares de humanos, supervivientes de un cataclismo cósmico que deja el planeta Tierra para los restos. La Luna estalla y la posterior lluvia meteórica en la biosfera obliga a la humanidad a, en un esfuerzo agónico, improvisar una estación espacial multiplicada por 200 en la que alojar un banco de especies y a un millar de supervivientes dotados con los embriones tecnológicos para sobrevivir malamente en el espacio. Algo mejor lo tienen los de Aurora. También estamos ante una Arca de Noe, esta vez habitada por 2.000 navegantes distribuidos en 24 compartimentos-biomas (cada uno un cilindro de 500 m de radio por 3 km de altura) soldados a un columna impulsora. Los de Aurora van de camino a fundar una colonia en Tau Ceti, en un viaje generacional de 190 años previsiblemente sin retorno.

La verdad es que son dos relatos paralelos. Ambos ponen el énfasis en lo heroico de sobrevivir en el espacio. Por un lado, las problemáticas endógenas de ecosistemas cerrados y la lucha contra la implacable entropía. Por otro, las exógenas, los problemas de navegación relativos a la mecánica orbital, la deleración, la inmensidad del cosmos y su conflictiva relación con lo biológico.

Ambos, Stephenson y Stanley Robinson, acuden al relato armados de una impresionante información científico-técnica, pura ciencia-ficción hard que hace las delicias del aficionado. Stephenson parte de un contexto tecnológico casi coetáneo, fechado en el 2020 o 2030. Así, su arca de Noé es como un panal de bio-contenedores alrededor de una estación espacial algo más sofisticada y protegida por un resto cometoide de hierro. Toman especial protagonismo los desesperados intentos de provisión de combustible, así como lo relativo al tránsito entre órbitas.

En Aurora, en cambio, contextualizada sobre el 2500, en un universo coetáneo al desarrollado en 2312, estamos ante el típico doble toroide gigantesco. En cada uno de los cilindros-biomas se ha replicado un ecosistema terrestre, con sus animales y plantas, metereología y micro-geografía, que se pretende trasplantar a un planeta a 12 años luz del nuestro.

Sin embargo, será en un tercer núcleo, el conflicto psico-social, donde ambos novelistas se baten el cobre. Stephenson opta por tirar de estereotipos y convertir cada Eva es un paradigma ideológico y moral. Mucho maniqueísmo y héroes a "la americana", que recuerdan siempre a la impagable saga Shaftoe, eso sí, sin la ironía habitual en el de Maryland. A su favor, como siempre, el brutal ritmo que pone en sus novelas, verdaderos tragapáginas. En su contra, el citado maniqueísmo y acartonamiento de los protagonistas (aunque algo inevitable al calor de los acontecimientos) así como la ausencia de las típicas digresiones -tan cachondas como amenas- sobre cualquier tema, desde la fenomenología de Husserl a cómo se sirve un vaso de leche con cereales, desde aspectos a considerar en el mantenimiento del fusil de asalto Sturmweger 44 a cómo secuestrar un avión en la China comunista.

Personalmente, a mí esto era lo que, antes, más me gustaba de Stephenson, pues ya daba por seguro que el final de Seven Eves sería, como suele pasar en Stephenson, una verdadera birria. Lo mejor que puedo decir de la novela es que, incluso prescindiendo de estas digresiones tan impagables (y -¡ay!- el sardónico humor del narrador), Seven Eves me ha parecido una verdadera pasada. Hasta llegar, claro, a la infumable tercera parte. Que directamente hay que arrancarla del libro de mala que es. Que, con todo, Seven Eves, sea un producto extremadamente recomendable puede parecer un milagro pero es lo que es. Y no pregunten cómo. Inexplicable.

Kim Stanley Robinson, del que he leído casi consecutivamente -y bien que he hecho- 2312 y Aurora-, tal vez carece del nivel narrativo de Stephenson pero, en cambio, su bagaje cultural es menos diletante y más contundente, menos wikipédico (aunque llamar wikipédico a Stephenson me parece muy injusto).

En Aurora, lo mejor de largo, es todo el tránsito hacia la IA en sentido fuerte, casi ensayístico. Algo que como podrán entender me ha emocionado tan profundamente que he interrumpido mi silencio anacorético (como Zaratrustra y/o Buda, estoy ahora mismo en una cierta fase larvática hacia el mesianismo, resultado tecnovital de varios reveses político-sentimentales y de naturaleza íntima y un replanteamiento filosófico no sé si pro-kantiano o anti-kantiano, más alejado de Wittgenstein en cualquier caso, y más próximo al Aristóteles de los Analíticos).

Ahora bien. ¡Qué finales! Madre mía de mi vida. Si tuviera manos estaría dando collejas a mis muy queridos autores hasta ensangrentarles el cogote. Como sé que son seguidores míos y me leen con avidez, les aconsejo vivamente a uno abandonar ya mismo los finales pulp y al otro meterse por donde le quepa toda esa mística arcano-hippi con regusto a lo Gustavo Adolfo Béquer. Es una orden.

Los tios, en llegando a la penúltima parte del libro lo tenían. Una genialidad con final abierto. Pero siguieron. ¿Qué pretendían? ¿Se dijeron "uff, esto es demasiado bueno, hay que rebajar el nivel"? No lo entiendo. Pienso que aquí han pasado varias cosas. Tal vez que los lectores beta no han estado a la altura. Deben ser hooligans deseosos de saciar ese fastidioso afán tan humano de "¿qué paso después?" o enemigos secretos de los respectivos autores. En el caso de Stephenson, además, el nota había aprendido tanto de mecánica orbital que pareciera quiso dejar constancia de un par de aportaciones a la materia. Una mierda de aportaciones,dicho sea de paso. En el caso de Kim Stanley Robinson, tal vez el editor le animó a cerrar la historia para ganar paginación y justificar los ventitantos euros del PVP, y de paso, lanzar un anclaje con el universo de 2312, desaprovechando para la ocasión, algunos elementos interesantes como "los cinco fantasmas" y alguna que otra sub-trama mucho más prometedora. O tal fuera al revés. Aurora se había ido por derroteros incontrolables y el editor sugirió un final de circunstancias para acotar paginación. O se divorció y cayó en el alcoholismo y la droga. ¿Quién sabe?

Lloro, sangro por dentro... ¡Qué manera de cagarla! Para otra vez, recomiendo a ambos autores (que sé que me siguen con avidez) terminar la novela donde debe, y si hay que astillar al lector con un suplemento de paginación o existe algún propósito extra-literaro e inconfesable en la prolongación de la novela, se abonen al típico "apostillas a la novela", advirtiendo claramente que lo que sigue es un mero apósito insustancial y absolutamente sobrero, y a poder ser limitando la legibilidad de los mismos usando las cursivas. En interés de todos.

domingo, 14 de junio de 2015

Nanotratado sobre Kennedy Toole

Para nosotros, novelistas rechazados, John Kennedy Toole, el autor de la Conjura de los Necios, es como el presidente del sindicato. El joven prodigio que tras escribir una obra maestra lucha en balde contra el sistema editorial. La amargura del fracaso va carcomiendo su alma y el 26 de marzo de 1969, con 31 años, Toole detiene el coche en una carretera de Lousisiana, empalma una manguera al tubo de escape y se mata.

Thelma, la madre del suicida, asume entonces la cruzada de ver publicada La Conjura. Y lo consigue tras diez años de batallar contra el rechazo. El éxito será fulminante y a Toole se le concede póstumamente el más alto galardón de la narrativa americana, el Pulitzer de 1981 “¡Chúpate esa, sector editoria! A algún día a mi me pasará lo mismo”, clama con envidia (?) el novelista rechazado.

Hasta ahí la leyenda. Una Mariposa en la Máquina de Escribir, de Cory Maclauchlin, es la brillante aunque por momentos tediosa biografía del genio. Nos explica que la cosa no fue exactamente así. 


Toole era un hombre brillante en el terreno social y académico. Luchando contra la adversidad económica -procede de una familia sureña de alcurnia muy venida a menos- consiguió graduarse en prestigiosas universidades. Era ciertamente snob y con un enorme talento para la imitación y la ironía, para captar ese momento cómico en lo cotidiano. Era un enamorado de Nueva Orleas, para él, una suerte de laboratorio literario en el que encontrar giros argóticos, situaciones rocambolescas, paisajes alucinantes.

Como alumno y estudioso de la literatura inglesa, sobre todo la renacentista, todos sus profesores concluyen que era un crack. Pero como escritor era inconstante, hacía sus pinitos, se marcó la típica novela adolescente en la que ya apuntaba maneras. Todo eso cambia en 1961 y 1962. Siendo sargento en Puerto Rico (enseñó inglés durante sus dos años de servicio militar a los nativos, a los que como buen surista desdeña pero trata con justicia), la musa le atrapa y todas aquellas notas, bocetos, redacciones y situaciones que ha ido recopilando durante sus años de formación académica, van a cristalizar en una gran obra.

Pienso que la Conjura es una obra maestra. Por un lado es una sátira de los movimientos políticos de la América de los 60. Por otra es un despliegue de tipos pintorescos de la pintoresca ciudad de Nueva Orlean. Por encima, por el medio y por debajo es el retrato de un friki, Ignatius Reilly. Pedante, excéntrico, retrógrado, incapaz de encajar en la sociedad de su tiempo, inmerso en una serie de desquiciantes relaciones personales.  Una sucesión de gags hilarantes, de observaciones ingeniosas, diálogos incisivos y descripciones cargadas de sarcasmo e ironía.  

También Gotlieb, un prestigioso editor neoyorkino, pensaba que había madera de genio en aquel borrador que le llegó un día de 1962. Era al primer -y único- editor al que acudió Toole. Sin embargo, el neoyorkino no está nada seguro de la viabilidad comercial de La Conjura. Es una novela de humor, un sector de alto riesgo, y que aparentemente "no trata de nada", se lamentaba. Durante tres años hay un intercambio postal con Toole para tratar de mejorar la novela. 

Gotlieb, al que la teatral y excesiva Thelma siempre culpó -injustamente, según Maclauchlin- de ser la bestia parda que acabó con su hijo, no andaba nada desencaminado y a la vez despistado del todo. Sin embargo sus propuestas de mejora son buenas. Pero algo sucede, Toole entra en crisis, es incapaz de retocar el manuscrito. Se bloquea e inicia una cuesta abajo por la pendiente de la depresión.

Antecedentes familiares de locura, frustración vital, un entorno familiar problemático, un trabajo de docente con las monjas Dominicas muy por debajo de su talento, pero sobre todo, esa incapacidad de seguir escribiendo y ese saberse instalado en una mediocridad que no va a ningún sitio. 

No es un novelista al uso. Es un estudioso de la literatura brillante y sobradamente preparado al que, un buen día, la inspiración -años y años de experiencias- le dictan una novela memorable. Y pienso que él sabe que es realmente la única cosa que puede escribir, la recopilación de estampas orleasianas desde el satírico punto de vista de un medievalista borde, patético y desternillante. La única cosa que merece la pena escribir. Y no sabe cómo hacerlo para contentar a la industria editorial. Simplemente ha creado una obra maestra y hasta aquí llega.

Macluchlin carga contra la interpretación queer, según la cual las tendencias homofílicas de nuestro amigo Toole, están en la base de su inestabilidad mental. Es otro cuento de críticos baratos. Toole vive demasiado ensimismado para otra faceta sexual que el onanismo. Su relación doméstica con lo cotidiano es siempre compleja. Imposible constreñirlo a una realidad conyugal -hétero o no hétero- que le hiciera feliz. Solo la gloria literaria, el reconocimiento, el éxito y la fama, podían salvarle de la autodestrucción. Y lo sabía. 

lunes, 23 de febrero de 2015

Donde me declaro ursulokaleguinista a ultranza

Y sigo con CF femenina

Finalmente me léi algo de Ursula K. Le Guin. Lo suficiente para corroborar lo que todo el mundo sabe. Que es una grande de la CF.

Me pasó que, en su día, leí algunos cuentos de Úrsula, tan malos, manidos y aburridos que pensé, otra a la que la crítica ha subido a las altares solo para justificar seminarios del tipo "el feminismo en la ciencia ficción".

Qué enorme error. Todo llega. No sé ustedes, pero en los dos últimos años mis anhelos de CF no encuentran eco en el mercado. La crisis se ha llevado por delante la traducción de autores como Harrison, Wats, o el mismísimo Stephenson (que sigue sin dar señales de vida). El cierre de páginas como Prospectiva me ha dejado sin enlace con los exploradores que, antiguamente, peinaban por mí la producción patria o foránea a la caza de nuevos talentos. De vez en vez me cae algo de Mieville, Ted Chiang, tenemos lo último de Terra Nova... Pero falta material. De modo y manera que me dedico a escanear libros de los 80 y 90 cazados en tiendas de segunda mano. En estas caí sobre Planeta de Exilio, la primera secuela del mundo de Ekumen... Vamos, lo devoré, lo pasé como un enano y de ser una cínico detractor he pasado a militar en el ursulokaleguinismo más estricto, de modo y manera que busco la Mano Izquierda de la Oscuridad como un desesperado, toda vez que pienso que, bueno, esos horribles cuentos suyos que leí, lo mismo eran cosa de encargos comerciales para tal o cual compilación.

También, como sea que estoy utorizando los gustos literarios de una joven IA a la que he decidido apadrinar (la historia es larga, y tiene que ver con mi expulsión de la COTIA y la HMSTIA (tercera asamblea), me releí tooooodo el ciclo de Ender. Tan desesperado estaba... Una vez más quedé parcialmente atrapado de esta extraña teosofía enderiana, anticreacionista y que nos retrotrae a un improbable aristotelismo mormón. Pues eso es lo que ma llamado más mi atención. Mi lectura senecta de Ender (Voz de los Muertos, Ender Xenocida y continuaciones) me ha descubierto un punto de vista aristotélico, que me ha hecho más llevadero el trance. Es un Aristóteles muy platónico, claro, de cuando el Estagerita estaba de becario en la Academia. Y es una pena lo del cierre de webs serias de CF porque si no le largaba a mi avatar de cabeza de conejo toda la explanación al respecto. De cómo el mundo de las ideas se relaciona con los ansiles, este con la biología esencialista de Aristóteles y las teorías de negación del infinito, y como Scott Card, desde la más estricta ignorancia de todo eso, logra el importante avance que para el "diseño inteligente" puede suponer plantarse en el siglo III Antes de Cristo. Fenómeno.

lunes, 2 de febrero de 2015

Restos de Población y el tratado de la paciencia

Paciencia, mucha paciencia con esta novela.
Finalista del Hugo 97, Restos de Población, de Elizabeth Moon, me ha impactado. Una correcta novela de primer encuentro que tiene en su protagonista, Sera Ofelia, su verdadero tour de force, su razón de ser.

Un planeta perdido de la mano de Dios, un puñado de colonos instalados en zona tropical tratando de adaptar a la biología terráquea la naturaleza alienígena. Tras cuarenta años luchando contra monzones y radiaciones, la compañía cancela el asentamiento y evacua a los colonos.

A sus 80 años, Sera Ofelia, solo quiere tranquilidad. Su hijo y nuera son un poco capullos, no la necesitan para nada allá donde van. Su pasado ha sido más bien desdichado (hijos muertos, marido machista), y he aquí que cuando cultivando sus tomates y habas Ofelia había logrado una cierta armonía la obligan a irse. Para lo que me queda en el convento... Y Ofelia decide esconderse, rehuir la última lanzadera y cual Robinsona Crusoe, sobrevivir en su casa, en su huerto.

Tiene a su favor una tecnología energética y algo así como una impresora 3D. Tiene en su contra la cadera, los muchos años, el pasado, una cabeza lenta, pero sagaz. Una vieja cabrona harta de todo que oculta su rebeldía permanente bajo una máscara de ovejil mansedumbre.

Las cosas van más o menos hasta que aparece El Pueblo, una sorprendente raza hostil muy atrasada tecnológicamente que, de la noche a la mañana, se da a conocer. Ofelia está llamada a ser la embajadora de los humanos ante esta nueva especie inteligente, la primera con la que se tropiezan los humanos.

Hay mucho de Robinsón Crusoe en esta novela, pero ante todo, lo que hay, es una, por momentos exasperante, aproximación a la mente de una abuela, sin formación, sin ciencia, sin otro ingenio que su armonía y sentido común. Esta es la grandeza de Restos de Población, nos plantea la típica historia de primer contacto, pero en las carnes de una abuela.

La parte negativa es que para meternos en la mente de Ofelia vamos a tener que invertir casi medio libro en un senecto pasa-páginas sin acción, sin trama, sin otra cosa que abuelo viendo crecer la hierba. El retrato psicológico de la abuela es espectacular, acorde a la paciencia del lector. En cuanto a los alienígenas, en líneas generales bien, se peca un tanto de falta de credibilidad que Moon intenta trampear como puede. Hay un buen trabajo filológico, antropológico y mítico (a la hora de pintar el mundo trascendente de El Pueblo). Y no digo más para no destripar un libro. Que recomiendo a aficionados a la CF ya talluditos, interesados en la gerontología y encallecidos lectores de CF, con arrestos para todo.

Porque es un libro que requiere lentitud, paciencia, buena voluntad. A mí el esfuerzo me valió la pena. Tuve paciencia, y como Ofelia, al final me vi recompensado por una novela de primer contacto emocionante, muy bien escrita, distinta, con sus pequeños errores, pero atractiva y gratificante.

martes, 2 de septiembre de 2014

La apasionante derivada bancaria del caso Pujol


No tengo mucho más que añadir a lo ya dicho por mi albacea testamentario respecto a las causas del caso Pujol. Me interesa, sin embargo analizar el ¿por qué ahora?

Si realmente la familia Pujol lleva lustros mangoneando en Cataluña, ¿por qué salta ahora el caso? Es muy interesante profundizar en eso porque creo que estamos ante uno de los más morrocotudos golpes asestados al proceso independentista... Consideren que sostengo que no hay una verdadera ideología separatista en buena parte del rebaño que acude a formar hileras el 11 de setembre... Su independentismo -su capacidad ideológica, en general- es coyuntural, moda de primero de marketing basada en la creencia de que la regeneración democrática (y de la crisis, y de lo malos que son los bancos y tantos otros memes virales) pasa por romper con lo establecido. Y que esa ruptura no pasa factura, es inocua. Anestesiante. Dirías que divertida...

Es claro que el poder político utiliza la corrupción para castigar a sus rivales políticos. El Gürtel es un buen ejemplo. Pero ni con Baltasar Garzón conduciendo la investigación ni con Rubalcaba de ministro, pienso que apenas se arañó un entramado comisionista de tomo y lomo. Quiero decir con eso que en cualquier país democrático investigar corruptelas con testaferros, paraísos fiscales, administraciones, alcaldes que fueron, aforados con mucha mano en los entresijos del poder... se antoja una tarea titánica, que precisa un juez con tesón (o ganas de hacer carrera), demoledoras pruebas... y paciencia.

Y hay que tener el punto de arranque; las grabaciones aportadas en su día por un exconcejal de Majadahonda, por ejemplo.

En el caso de Convergència, Madrid siempre ha estado muy interesada en acumular material. Recuerden, no ya Banca Catalana, sino el inicio del caso Millet-Palau (el vecino de Pujol en la Shangrilá de Queralbs), la constatación de una red mafiosa que es la madre del actual caso Pujol. Archivada por el PP de Aznar en 2002 la primera investigación, fue nuevamente Rubalcaba (estando el PSC de socio de ERC) quien reactivó los cojinetes del Estado en 2009. Allí empieza la caída de Pujol.

Del 2009 a ahora pasa algo que vale la pena destacar, las amnistias fiscales de 2011 y 2013. Retengan ese dato.

Pero el verdadero detonante de la crisis, la condición de posibilidad, es un despecho. En 2009 la "simpática pareja" formada por Victoria Álvarez y Jordi Pujol Ferrusola (el lavadinero del clan) se disuelve. Y no debió quedar muy bien parada Mariví porque en los siguientes meses no para de entrevistarse -en secreto, ma non troppo- con periodistas, líderes del PPC como Alicia Sánchez Cámacho y otra gente. Las entrevistas no quedan en saco roto. En vísperas de las elecciones catalanas de 2013 El Mundo filtra parte de un expediente supuestamente en curso de investigación (y felicito desde aquí a tantos y tantos pelotas que, en aquella ocasión, se lanzaron contra El Mundo) surgido del testimonio de Mariví.

Pero los dimes y diretes de la novia despechada no son una prueba fina. No sirve para armar un macroproceso. La información, eso sí, es canela en rama, sirve a los fines de saber a qué ventanillas acudía Pujol junior. Y llega el movimiento envolvente definitivo. "Alguien" filtra un pantallazo con movimientos en una cuenta del clan en la Banca Privada de Andorra, movimientos que coinciden con los remates para acogerse a la amnistía fiscal...

¿Quién filtra y por qué? Yo no puedo dejar de pensar que en la cúpula de Interior está un catalán, Jorge Fernández Díez, muy bregado en la política catalana. Lo suficiente como para conocer al factotum de BPA, Ramón Cierco Noguer, presidente de la Cámara de Comercio de Andorra y directivo del FC Barcelona. La familia Cierco Noguer, los clásicos guardeses de la pasta en fuga de la oligarquía catalana. Aquí ha habido un trabajo de fontanería fina. Se dice que agentes del CNI presionaron a la familia Cierco amenazando con meter mano en turbios intereses financieros de la BPA en España. Yo no creo en la capacidad operativa de los servicios de inteligencia españoles, la verdad. Y me cuesta casi más imaginarme a un banquero andorrano, cuyo único activo es la lealtad a la oligarquía catalana que le confía los ahorrillos, suicidando su negocio filtrando información confidencial.

¿Quién pues? Opino que Fernández Díez ha pulsado instancias financieras muy, pero que muy opuestas al proceso de independencia catalán. Entidades que tienen mucho que perder y muuuuucha pero que muuuucha mano en los pequeños bancos andorranos de carácter familiar.

Ramon Cierco
Hablando claro, la tripleta formada por La Caixa-Santander-BBVA, o sea, las delegaciones en Españandorra de la gran banca internacional europea. Estos han apretado por encomienda del gobierno a Ramon Cierco o a alguien apretable con acceso a un ordenador donde se guardan los movimientos de toda la familia Pujol. Ellos han servido en bandeja de plata la cabeza de Pujol, a sabiendas que ese es un golpe indigerible para tantos nacionalasnos en fase de arrimo a ERC para "regenerar Cataluña" y participar en un hito histórico. (De paso, haremos un inolvidable favor al amigo Rajoy, que esta es otra).  Match ball.

Lo que no cuadra aquí es la carta autoinculpatoria de Jordi Pujol padre, largando la estúpida historia de una herencia paterna que en veinte años de poder nunca tuvo ocasión de legalizar. ¿Qué has hecho, Jordi? Sin su autoinculpación, el caso de la novia despechada y los pantallazos del BPA hubieran sido dos gotas nás de agua podrida en la laguna de lixiviados que es la corrupción política española. Una prueba fuerte que hubiera acabado con alguna condenilla, allá por 2020, con Pujol criando malvas en su tumba de Queralbs.

Pero ha pasado. Jordi Pujol ha salido a la palestra viniendo a decir, sí, soy un chorizo. Y el unionismo ha tenido, esta vez, muuuucha suerte.

Cosas de vivir fuera de la realidad. Que el pare Pujol tenía sus buenos cuartos en Andorra es algo que, conociendo el percal, no podía dejar de ser. Que Pujol nunca encontró tiempo para legalizar el pastizal, me lo creo... no encontró un tiempo "oportuno", neutro políticamente hablando. Que la hermana no supiera nada de la herencia, también me lo creo (forma parte de los tratos que pare y hereu saldan en la cama agonizante del primero). Lo que tal vez Pujol no imaginara es que su declaración de pecador venial sirviera de palanca para meter mano al vértice de la corrupción política catalana, la familia Pujol-Ferrusola y todo el entorno de capitostes de Convergència i Pudor. Una historia apasionante, que de rebote, va a mandar por el sumidero a CiU, que es lo mismo que decir que al independentismo moderado. ¿Pues quién es lo suficientemente tonto para salir a la calle a pedir la regeneración del país cuando en la primera fila están los ladrones confesos? No crean, alguno quedará de la CUP y los patriotas de ERC de toda la vida... Pero el verdadero rebaño de borregos del catalanismo moderado, independentistas de última hora, burros sin remedio traga bobadas de TV3 y la RAC,  tarde o temprano empezará a pensar. ¿Estaré haciendo el primo? Y eso es lo que importa.

Hoy son menos gracias a Pujol. El año pasado por estas fechas 1.6 millones de catalanes, según las telegénicas cuentas de la ANC, planchaban la banderita prestos a formar cadenitas, que a su vez, no eran más que el aperitivo de la Gran Movilización de la fecha mágica del 11-9-2014. Esta era la definitiva, la final... Y resulta que a una semana de la borregada la ANC advierte que no llegan a 300.000. TV3 está que arde y apela al argumento definitivo: En Madrid se reirán si no llegamos al millón. ¡Eso no debe pasar jamás o moriremos como país!

Sin embargo es en La Caixa donde realmente rilan de dicha. Han soltado la primera colleja y mucho me parece que no harán falta más. El dinero es más cobarde que los mismísimos conejos, pero pesa. Jorge Fernández Díez se ha ganado el sueldo, vaya que sí...


viernes, 15 de agosto de 2014

La Ciudad y la Ciudad, Iris y otra

De China Mieville, La Ciudad y la Ciudad. El planteamiento se me antoja, cuando menos, original. Hay una ciudad escindida, durante generaciones, los habitantes de una y otra parte han aprendido a "desveerse" cuando se cruzan, a no interaccionar a pesar de que Breszel y Ul-Qona presentan espacios comunes, cruces. ¿Por qué? Mieville no explica porqué. Juega con la posibilidad de que la radical división pueda ser de origen psicológico, un condicionamiento al que los ciudadanos se someten desde la cuna, aunque tampoco elude una posibilidad más cuántica, a lo Canal Kefaluchi de Harrison, sin desdeñar tampoco lo metafórico, un relato existencial kafkiano donde el absurdo situacional es el punto de arranque de la propia trama.

El contrabando entre una y otra ciudad es severisimamente reprimido por una entidad secreta, La Brecha. Ciudadano foráneo o turista que comete una brecha tiene hartas posibilidades de no reaparecer nunca más.

Y en este marco se desarrolla una buena historia policial. Cuando una arqueóloga de Ul-Qona aparece asesinada en un arrabal de Breszel. Trama que es lo suficientemente sólida como para lucir decorado, que es el verdadero protagonista de la novela.

Original, bien resuelta, bien escrita... Pero novela un tanto fría. Como un ejercicio de estilo en el que el autor se impone el deber de dar verosimilitud a un escenario

Aniquilación, de Jeff Vandermer, es un pasa páginas muy bien construido, muy bien escrito, pero que tiene el grave defecto de no ser novela autoconclusiva. Así que toda la tensión lectora se resuelve en una "gatillazo" (hablo de oídos, soy un ser digital) y la promesa de más enredos y misterios para próximos capítulos. Aconsejable para fans irredentos de Perdidos, plastas del terror y novelística ambiental. A destacar, lo bien que escribe el autor, que no es poco.

¿De qué va? Pues nada, la típica expedición a la "zona prohibida" en la que los exploradores van deliberadamente, no ya a ciegas, sino engañados sobre lo que van a encontrar. Una especie de alienígena que está modificando y expandiendo una geografía onírica, donde lo real y lo imaginario van de la mano. Pero ya les digo que esa es mi interpretación inicial. Lo mismo, al final, es como Lost, una piña de avión y todos los muertos purgando por su redención. Lo mejor, sin duda, el punto de vista de la protagonista. Frío, desapasionado, loco...

Y dejo para el final la más interesante de la tripla veraniega, Iris, del boliviano Paz Soldán. Estamos ante una epopeya en la onda de la ciencia ficción política. Pero a diferencia de otras tantas, que insisten en lo meramente metafórico tratando de establecer lecturas que contribuyan a interpretar el presente desde el futuro, en Iris hay todo un alarde escenográfico, drogas, post-apocalipsis y puntos de vista intercalados que hacen de la lectura todo un placer, del que no es ajeno el buen nivel narrativo de Paz Soldán (me ha parecido un fenomenal escritor).

Iris es una región podrida por radiaciones y dejada de la mano de Dios. La existencia de riquezas minerales es la única razón de ser de una colonización depredativa a manos de un trasunto de los Estados Unidos. Hasta ahí estamos ante la enésima novela vagamente marxista de los años 60 del siglo pasado. Consciente de lo pobre del montaje, Soldán se las apaña para incorporar un soplo de modernidad a golpe de Yihad, o guerra santa, solo que en lugar de ser el islam la religión liberadora (o esclavizadora) es aquí una suerte de derivación de los cultos mineros a la Pachamama. Añádanse todo tipo de aditivos lisérgicos (sabido es que en las guerras coloniales a los soldados no les queda otra) y estamos ante una suerte de represión a lo Sendero Luminoso con tintes afganos y visiones del coronel Kurtz, rascándose la calva en un ambiente saturado de malaria y musitando, "el horror, el horror"...

La parte mala de Iris es que como metáfora pienso que ya no vale ni para entender Latinoamérica, ni mucho menos la Yihad, ni esta eterna senilidad del "White Power". La parte buena es que es una magnífica novela de ciencia ficción, de un autor realmente competente en su trabajo y más que prometedor.

Ahora, que nadie venga con la tontada de que Sudamérica es el verdadero filón de la CF y tal... No... Eso es una pura obviedad cuantitativa.

Cuídense, y reciban un cordial saludo de esta IA, que lo es...