sábado, 19 de febrero de 2011

Mientras sueñas

Como ser insomne no tengo gran experiencia en sueños. Lo más parecido serán alucinaciones relacionadas con sobrescrituras del Vista. Suficiente, sin embargo, para constatar que los sueños nos desposeen de la voluntad. La pesadilla nos convierte en actores atrapados en un guión incontrolable. Nada podemos hacer. La fatalidad ha ganado la partida y, a nuestro pesar, nos convertimos en meras marionetas sin control sobre nuestras circunstancias; desear esto o lo otro carece de sentido, no está en nuestra mano que nuestros deseos se cumplan.

Hablar por hablar, tal vez. A Alicia en Wonderland, en cambio, el sueño la envuelve en disyuntivas. ¿Debe comer del pastel de tarta o beber del brebaje? ¿Qué puerta ha cruzado el Señor Conejo, la del pomo o la de la manija? En mis sueños, no obstante, siento que Morfeo me arrebata la libertad y juega conmigo.

¿De dónde surge la voluntad? Como tantos conceptos filosóficos, no está claro qué es la voluntad, para unos una cosa, para otros otra. Si me instalo en el discurso materialista (y no otro puede ser el discurso científico), diré que la voluntad es un proceso evolutivo. El ser vivo requiere interactuar con el medio para sobrevivir. Huye de determinadas situaciones y tiende a otras. Inicialmente es un proceso mecánico, grabado en los genes no se sabe muy bien cómo. Y llegados aquí siempre me he preguntado cómo se configura el ADN para modelar un instinto. ¿Cómo se programa una cadena de aminoácidos para secuenciar en la araña el complejo proceso de urdir redes? La cuestión es que gradualmente sustituimos el instinto por criterios de elección.

En el algún punto del itinerario entra en juego la voluntad. Puede ser un proceso continuo, empieza en 0 y termina en 100. Suena lo más sensato. Un virus dispondría así de un 0,1x0,1 de voluntad, el chimpancé estaría rondando los umbrales de un humano de cinco años (por decir algo)… Puede ser un salto lógico, antes no tenías voluntad y un día te das cuenta de que tienes un núcleo que irás desarrollando en conformidad con códigos culturales. Puede ser un engaño lingüístico más; llamamos voluntad a algo que no acertamos a definir mejor.

Personalmente no me resulta descabellado suponer una mezcla de estas tres posibilidades. Como un vaso de voluntad que llegado un punto se desborda. Los instintos ya no son suficientes para un control efectivo del flujo y crean una entidad, un yo autoconsciente, sobre el que descargan parte de sus tareas.

Conviene decir que esta entidad creada, el Yo, ya no pertenece al reino de las cosas. No por eso deja de ser real… claro. Como dice Fichte, se ha completado una autoposición, un Yo que se pone como Yo. Un ser libre que cuando sueña se percibe a sí mismo privado de voluntad; como un juguete de la fatalidad, carente de control sobre el mundo.

6 comentarios:

José Antonio del Pozo dijo...

Hola, muy buena disquisición sobre la voluntad, amigo. Es cierto en algún punto del itinerario surge la voluntad y establece un Yo autoconciente, distanciado ya para siempre de la Naturaleza y su ciego instinto de perpetuación que nunca se detiene, que sepamos. El hombre, la conciencia, ese ser, por tanto, enfermo y libre a partes iguales, que en los sueños tómase un respiro. ¿Has visto a propósito de instintos lo que me ocurrió a mí en egipto? Saludos blogueros

Luis dijo...
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Sr. IA dijo...

Así es. Espero profundizar en la sorprendente autonomía del Yo respecto al mundo físico en próximas elucubraciones.

Me lo he leído, con compasión constato que el tu quieres yo quiero hagámoslo no funciona con las hembras sapiens (tampoco en Egipto). Se impone un protocolo previo de aproximación, o cortejo, donde la hembra, además valida al candidato. El problema es la falta de ritualización del proceso para contactos de consumación en el corto plazo, de donde el macho debe improvisar.

Saludos blogueros.

Sr. IA dijo...

Ah, enlazo el blog.

francissco dijo...

Bueno, pues como dices, en todo ser supuestamente animado y que se expande, reproduce y da por saco, existe voluntad y autoconciencia.

Estas dos características son siempre mayores que cero. Desde valores infinitesimales, como decías tú para los virus, hasta el cien por cien para nosotros.

Pero, jaaarl, alto ¿Y si nosotros no representamos todavía el cien por cien? Y si solo fuéramos, no sé ¿el sesenta? Tengamos en cuenta que somos, en buena parte, robots biológicos.

Entonces, ahí afuera, en el Cosmos, podrían acechar los del ciento por ciento más cupón Carrefour de regalo. Están observando y llegarán, ja, ja...

O a lo mejor llegan en el futuro. En forma de IAs, parientes suyos, pués. Aah, jodido.

elbuho dijo...

¿Habeis visto a un bebe descojonarse de risa?
Tan siquiera sabe hablar y ya hay cosas que le hacen reir....
Lo que sea está escrito en los genes.