viernes, 3 de febrero de 2012

Viaje al purgatorio de Ramón de Perellós (2)

Esta entrada continúa de Viaje al Purgatorio de Ramón de Perellós (1)


Breve aproximación al caballero Ramón de Perellós, vida y contexto

Contextualizar someramente a Ramón de Perellós en el convulso periodo del último tramo del siglo XIV resulta imposible. Europa occidental era un hervidero de conflictos. A las guerras entre reinos (Guerra de los cien años), hay que añadir las guerras civiles, los levantamientos nobiliarios y cívicos, los conflictos comerciales por el control del Mediterráneo, la pujanza del turco, el cisma occidental del papado, la crisis demográfica por la peste… El vizconde Ramón de Perellós supo adaptarse a este panorama, prestando servicios ora de intermediador, ora de señor militar, ora de empresario armador, ora corsario, fraguando una importante fortuna, consolidando sus señoríos y deviniendo uno de los hombres mejor informados del momento.


La historia de este periodo es apasionante y deja en nada las sagas tipo “Juego de Tronos”. En realidad, la historia real siempre es mucho más agitada (y entretenida) que la ficticia. Sin embargo, nuestro problema es comprenderla; como sostiene Gadamer, nuestras categorías para enjuiciar los hechos difieren de la de los coetáneos. Ruego al lector que lo tenga bien presente, porque una visión moderna de Ramón de Perellós nos abocaría a suponerlo una especie de “padrino”, jefe de filas de un clan familiar o multinacional, que en los juegos de equilibrio de poder trafica con unos y otros para expandirse. Es así y no es así.



Su padre Francesc de Perellos, de familia noble rosellonesa, medró durante el reinado de Pedro IV “el Ceremonioso”. El negocio familiar consistía en transportar tropas, participar en acciones de guerra, financiar expediciones, alianzas, embajadas a Nápoles, a Aviñón, campañas en Cerdeña... A cambio, se obtenían señoríos, encomiendas de castillos, títulos… El padre de Ramón, Francesc, se encumbró a privado de Pedro IV y, a grandes rasgos, actúo como “lobby” de la corona francesa ante el rey catalano-aragonés; algo bastante lógico habida cuenta de que las propiedades de Francesc se dividían entre las enfeudadas a Francia y las que tenía bajo señorío aragonés. Un ejemplo del “savoir faire” de Francesc: El reino de Aragón era tradicionalmente aliado de Inglaterra y rival de Francia y Castilla, sin embargo, en un momento de la Guerra de los Cien Años, Francesc de Perellós consiguió cambiar el statu-quo y alinear a la corona catalana contra Inglaterra, para finalmente instalarla en una “neutralidad” respecto al puzle dinástico francés.  Asimismo, un enfrentamiento de Francesc con Pedro I “el Cruel” por la posesión de unas galeras desembocó en un nuevo episodio de la guerra entre Castilla y Aragón (aliado de los Trastamara, pretendientes al trono).

No sabemos cuándo nació Ramón de Perellós, una fecha sensata me parece sobre 1345-50. En el organigrama familiar, a Ramón, segundón, le correspondería la gestión de los dominios maternos feudatarios de Francia, por lo que resulta lógico que su padre lo mandara educar a la corte francesa. No obstante, acuerdos familiares favorecen que, a la muerte del padre (1369), Ramón “compre” la primogenitura a su hermano Ponç y se convierta en el cabeza de familia y continuador de los títulos de vizconde de Roda y Perellós. En 1374, y pese a su juventud, el rey Pedro le encomienda una embajada a Inglaterra. Al regreso, Ramón es capturado por el rey de Granada. Se sabe que para su fulminante liberación se entablaron conversaciones al más alto nivel entre el rey moro y el aragonés. Vuelta a Cataluña, el infante Juan (posteriormente Juan I) le encomienda más misiones ante la corte francesa, en la que Ramón se movió toda su vida como pez en el agua. En 1377 le encontramos en Chipre al frente de una oscura misión. La isla es aliada de Aragón y está en guerra con Génova. A su regreso, Ramón invertirá los dos próximos años en preparar una armada de socorro a Chipre, pero a pocos días de la partida la coyuntura da un vuelco, Génova y Aragón alcanzan un acuerdo y Perellós dirige entonces su flota de tres galeras rumbo a Nápoles.
Allí, entre tanto, se ha consumado el cisma de Occidente; Clemente VII, con el apoyo de Nápoles y Francia, versus Urbano VI, respaldado por los estados italianos, el imperio germánico e Inglaterra.
Clemente VII se refugia en Nápoles, donde contrata los servicios del vizconde para trasladarse a Aviñón por vía marítima. Este viaje marca la trayectoria del vizconde y durante el periplo Ramón se ganará la buena voluntad del antipapa y de uno de sus cardenales más importantes, el aragonés Pedro Martínez de Luna (más tarde, Benedicto XIII o el Papa Luna).

De regreso a Barcelona, Ramón se dedica a ventilar asuntos familiares pero, gradualmente, según se vislumbra el declive del poder real y el ascenso de su heredero, el infante, el vizconde se va aliando con Juan I, de quien, una vez coronado (1389), se convertirá en hombre de confianza para asuntos “delicados” y frecuente embajador. Negocia alianzas, bodas,  empréstitos, acompaña a Carlos VI en su viaje por Alemania… En general, sus estancias en la corte francesa o en el papado duran varios meses, al cabo de los cuales vuelve a Barcelona. Unas semanas de descanso con su mujer e hijos y vuelta a empezar.
Dicho sea de paso, y para que se vea que no era el del vizconde un destino fácil, Carlos VI padecía de frecuentes trastornos psicóticos (protagonizó el célebre Bal des Ardents, ficcionalizado por Poe, entre otras locuras).

En 1390 Ramón se embarca en otra aventura naval que, posiblemente, le llevó a participar en una armada contra Túnez liderada por Luis de Anjou (Luis II de Nápoles). En los años 1392 y 1393 ejerce de cortesano. En julio de 1393 un viejo conocido, Pedro de Luna, es elegido papa en Aviñón, Benedicto XIII no tarda en ofrecerle entrar a su servicio y el vizconde, tras obtener licencia ante el rey Juan, acepta el cargo; será hombre confianza del papa al tiempo que ejerce de informante del rey aragonés de todo lo que se cuece en Aviñón.
1396 es un año clave. Juan I muere repentinamente en un accidente de caza. Las ciudades de Barcelona y Valencia lanzan entonces graves acusaciones contra los consejeros del rey. La nueva reina (María, esposa de Martín el Humano, a quien el fallecimiento de su hermano sorprendió guerreando en Sicilia) ordena procesar a los consejeros (entre los que destacan los dos hermanos Perellós, Ramón y Ponç). Durante el proceso se acusa a Ramón de conspirar en secreto contra el rey fallecido. La acusación no debía estar demasiado fundada, puesto que en julio de ese mismo año, la reina (que sigue esperando el retorno de su marido), confía al vizconde una trascendental embajada relámpago ante el rey de Francia. A grandes rasgos, la muerte de Juan I dio alas al conde de Foix (feudatario de Francia) para optar a la corona aragonesa aprovechando el vacío de poder ocasionado por la ausencia del rey Martín. Rápidamente el de Foix se alió con los Armañac (señores de Gascuña) y los reyes de Mallorca para preparar la oportuna invasión de Cataluña. El papel de Ramón de Perellós fue trascendental a la hora de frustrar esta maniobra. Primero obtuvo la neutralidad de Francia y luego consiguió retrasar la alianza de Foix negociando por separado con los Armañac y los mallorquines. Mientras Ramón de Perellós gana un tiempo precioso, la reina refuerza las fronteras y une a la nobleza de su partido, de modo que cuando los de Foix invaden el Principado, la corona aragonesa no encuentra excesivos problemas en librarse de la amenaza.
El vizconde vuelve a Aviñón. Tiene unos cincuenta años. Ha recorrido el Mediterráneo de Barcelona a Chipre, ha viajado por Alemania, por Inglaterra, por Italia. Rodeado la península Ibérica, cruzado innumerables veces los Pirineos. Ha conocido papas, reyes y empesaradores. Ramón de Perellós está en la plenitud de su vida.

Es entonces cuando decide poner en marcha un proyecto ideado durante los frenéticos meses de 1396 y que el propio vizconde no se ha cansado de airear.

Viajará hasta el purgatorio y se entrevistará con un rey muerto.
Contnúa en Viaje al Purgatorio 3

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5 comentarios:

elbuho dijo...

Increible... Próximo episodio por favoi.

Sr. IA dijo...

El siguiente lo dedicaré al viaje en sí, y si me da tiempo, a lo que aconteció en el purgatorio. Saludos Elbhuho

Frankie dijo...

Muy cierto. El juego de tronos ese se queda en nada. E importante lo que se dice de que nuestras categorías no equivalen a las de aquella época. Se aplican para mejor entenderla nosotros, pero proyectamos demasiados conceptos que antes no existían.

Sr. IA dijo...

Desde luego, Frankie, es usted enormemente perspicaz. De hecho, si me animé a contar esta historia es pq es, terminos coloquiales, flipante, y porque no se puede entender esta historia sin algo memorable. En el siglo XV la gente no tenía la categoría "ficción"... De donde el hilo que nos suscita es cómo coño se generan categorías mentales y aplicado a la prospectiva, ¿cómo son las categorias en fase de emergancia de la actualidad?

Anónimo dijo...

Jajaja, el rey catalano-aragonés. Desde cuándo ha sido un reino cataluña??