viernes, 14 de enero de 2011

¿Por qué hay naciones más ricas que otras?

La previsible catástrofe postcatastrófica de Haiti me deriva a la pregunta de ¿Por qué hay países más ricos y más pobres? Pregunta que funda esa otra “ciencia” (sic) tan problemática como la sociología.

Excursus. La sociología, a lo más que ha llegado es a una categorización de parámetros para describir una sociedad, de ahí que con toda justicia muchos pensemos que, más que una ciencia (en sentido blando, un corpus de saberes más o menos estructurado en orden a la descripción de un objeto, en oposición a las ciencias apriorísticas) es una filosofía de la economía, una filosofía de la historia, y hasta cierto punto, una proyección de la antropología (del estudio del hombre)

Al principio se pensaba que la riqueza de una nación dependía de sus materias primas. Cuanto más rica en recursos, más próspera. Suele ser al contrario, cuanto más rica, más explotación irracional, más todo para mí y menos para vosotros. Luego, se puso de moda pensar en la superioridad cognitiva de unas razas respecto a otras, que pese a demostrarse la petulancia más estúpida jamás escrita sigue siendo la sociología naturalis de buena parte de la ciudadanía. ¿Habrá que explicar por enésima vez que igual de hijo de puta puede ser un blanco criado entre bosquimanos que un bosquimano criado con vistas a Central Park?

Adam Smith, el importante Adam Smith, apela a la racionalidad de las leyes en la explotación de los recursos. Buenas leyes facilitan la correcta gestión de recursos. Esta teoría demostrose parcialmente falsa; que un país tenga buenas leyes no es garantía de que las cumpla. Marx atina algo más, las sociedades son el resultado de la lucha por los medios de producción, la sociedad es una evolución del estado tribal al feudal y de ahí a una dialéctica entre capitalista y proletario que, inevitablemente, conduce a la socialización de los medios de producción. De esta onda, y de largo, el que más me gusta es Tsiolkovsky y su decálogo para la conquista del cosmos sobre bases marxistas.

Tenemos otra rama que apuesta por unas pautas deterministas y cíclicas en toda sociedad, empezando por Malthus, el mejor de todos los deterministas. Para Malthus hay una correlación directa entre demografía y riqueza. El Malthusianismo dio paso un darwinismo social, que acaso hoy, debidamente matizado, vive sus mejores momentos de la mano del ecologismo. Por lo que a mí respecta me faltan teclas para contar las múltiples contraejemplos históricos que refutan estas sociologías.

Otra variante del determinismo social la tenemos en Comte (un chalado, en mi opinión). Según el padre del positivismo francés (el más malo de todos los positivismos y cuyo único exponente salvable es Verne), las civilizaciones siguen un patrón inevitable, del estado teológico al metafísico y de ahí al positivo, en el que la ciencia –los psicohistoriadores asimovitas- conduce al hombre a una Arcadia de racionalidad y belleza. Curiosamente, la psicohistoria asimovita viene a ser un trasunto inconsciente del positivismo comtiano. Si algo no le he perdonado a Asimov es que al escribir la Fundación ignorase que las bases teóricas de las que tanto se jacta ya eran viejas medio siglo antes (en un supuesto enciclopedista como él, esto es una guarrería impresentable). Puro autismo anglosajón. De Comte vamos a salvar, por patafísica, su intento de establecimiento de un desternillante calendario positivo y la instauración de un Religión Positiva Universal cuyo primer (y único) pontífice fue –y no sé porqué no me sorprende- Su Positividad August Comte I.

Otro determinista de tronío, Spengler, considera que un orden natural intrínseco regula las actividades humanas. Así, una sociedad es Apolínea, Mágica o Fáustica. Y para qué seguir, en Francia resulta imposible encontrar un filósofo que no haya desarrollado su propia cháchara taxonómica al respecto (Deleuze, Foucault, Felipe González, etc…) categorías sacadas de vete tú a saber y que han convertido a Asimov en un sociólogo serio y a este turberculosa rama del saber llamada sociología en el frenopático de las teorías que se justifican a sí mismas.

Más serio me parece Weber y su teoría sobre valores morales que impulsan el capitalismo y valores morales que lo obstaculizan. Siguiendo a Weber, creo que las sociedades protestantes desarrollaron éticas favorecedoras de la legitimidad de buscar ganancias económicas racionales. Evidentemente, Weber abusa de su interpretación, así, en “La religión en China, confucionismo y taoísmo”, explica el escaso éxito del capitalismo en China por valores religiosos que desdeñaban la riqueza y enfatizaban la sabiduría. Ya.

Modernamente, se piensa que la monopolización de la riqueza en unas pocas manos es un factor básico de empobrecimiento (¡grande!, todo para mí, nada para vosotros, es de estas verdades que han hecho grande la ciencia económica), de donde un mercado de oferta y demanda equilibrado sería la base de un desarrollo armónico. Ahora bien, hasta en un mercado sano el fuerte impone sus condiciones al débil, con el consiguiente riesgo (o más que riesgo, la inevitable consecuencia) de volver a la posición de partida (todo para mí…). Así las cosas, hasta el liberalismo de la Escuela de Chicago reconoce –eso sí, de mala gana- la necesidad de un marco fiscal que reequilibre el sistema y otro regulatorio que garantice reglas iguales para todos.

Naturalmente, allá donde ni el mercado es libre ni el marco fiscal es más que una patraña pensada para que el fuerte rebañe las migajas que le han quedado al débil, ya puedes meter cascos azules, verdes o naranjas e hincharte a celebrar maratones benéficos para el mayor lucro del señor Bono… Este es el caso de Haiti.

Esto nos retrotrae a Weber, y a otros, no he citado a Toynbee, por ejemplo, que concede una radical importancia a los valores religiosos como elementos determinantes en el éxito con los que una sociedad se enfrenta a los desafíos (el éxito alimenta el valor y el valor el éxito). El desafío no es otro que una organización social proclive a un mercado estable y a un marco fiscal efectivo (que retorne renta a los más débiles a partir del beneficio de los más ricos). La pregunta de por qué hay países más eficaces que otros creo que debe ser respuesta sobre la multicausa. Es decir, hay constantes malthusianas y marxistas a considerar, hay valores éticos que facilitan una organización más efectiva de la producción y la convivencia. Hay, por último, políticas sensatas que permiten reequilibrar los mercados. Lo que no hay es ni alternativas al mercado como mecanismo distribuidor de riqueza, ni una línea causal que determine ni el progreso ni el declive de las sociedades (salvo las leyes cósmicas, claro, al final, todos calvos).

Somos lo que nos merecemos ser.

NOTA. ¿Han sido ustedes buenos? ¿Han hecho los deberes y linkado al enlace? ¿No encuentran nada raro?... Anden, anden, hagan el favor...

8 comentarios:

CubaCastro dijo...

Eres un idiota que no has explicado nada. Hay países ricos y otros pobres igual que hay gente rica y gente pobre.

Hay pueblos que se esfuerzan más que otros en lograr su desarrollo por diferentes causas relacionadas con la idiosincrasia de la población, arraigada por siglos de crecimiento cultural. Hay pueblos vagos y flojos como hay personas vagas y flojas. Cuando la mayoría desea avanzar independientemente del Estado, el país avanza. Eso ocurrió en la Roma Antigua y en cualquier potencia de la Historia de la Humanidad.
No importan tanto los recursos naturales que posea un país sino el espíritu emprendedor y voluntarioso del pueblo que habita en él. Por eso imperios poderosos han sucumbido con otros supuestamente más débiles, como Darío con Alejandro y España con Inglaterra.

Por cierto, Marx era un idiota y el socialismo una basura. Debieras mejor leer a Gustav Le Bond o a Montesquieu

CubaCastro dijo...

Y antes que se me olvide, actualmente hay países ricos y otros menos porque hace doscientos años mas o menos ocurrió una revolución industrial que algunos países supieron aprovechar y otros la dejaron pasar.
Por qué?
Por lo de antes comentado, por flojos, quisieron seguir con sus esclavos que implantar las nuevas máquinas y cuando se dieron cuenta de su error ya era tarde. Países como Japón, en plena edad feudal a mediados del siglo XIX se percataron de lo anterior y ya eran colosos en la Primera Guerra Mundial
Si estas dormido como pueblo o como persona, la vida te aplasta, pues es una eterna lucha de sobrevivencia, te guste o no.

Sr. IA dijo...

Saludos Cuba Castro.
Lamento ser idiota.
El primer post se aproxima a la respuesta que da Weber, hay sociedades que desarrollan éticas favorecedoras de la optimización organizativa con vistas a la riqueza.

El segundo post es más bien un lugar común inspirado precisamente en el marxismo (de ese otro pobre idiota de Marx, según dices), luego recogido por el determinismo histórico. Se consideraba la revolución industrial una fase obligada en la evolución de los pueblos. Esta afirmación es, como proco, problemática. En mi idiota opinión, más un tópico que otra cosa.

Instan dijo...

¿Qué opinas de la crìtica que hace Popper a estas doctrinas en La miseria del historicismo? ¿Encajaría John Stuart Mill en las ideas de algunos de estos autores?

En cuanto a lo que comentas sobre Tsiolkovsky, si no lo has leído aún quizá te pueda interesar este ensayo de John Desmond Bernal:

http://cscs.umich.edu/~crshalizi/Bernal/

Sr. IA dijo...

A mi Popper me gusta mucho. Aunque me parece más sensato Feyerabend.
En la miseria del historicismo se critica a los que postulan categorías “no científicas” para validar una estructura interna que rige el devenir de las sociedades, llámale materialismo histórico, hegelianismo-historicismo, o subconsciente colectivo o Geist –absoluto- Shellingniano, llamale X. Creo que todos estaremos de acuerdo en considerar el carácter altamente especulativos y reduccionistas de estos postulados. Me parece que los sociólogos de este bando se sacan de la manga categorías y hala… Otra cosa es que no vea conceptos iluminadores tanto en Marx, como en Freud y hasta en Madame Blavatski o Van Danniken si me apuran  De todo se saca partido.
Todavía estoy más de acuerdo en las críticas de Popper al determinismo científico (Asimov), que insisten en negar la libertad humana. Dónde ponemos a Mill? Aquí no, está claro. Una sociología utilitarista se fundaría, y pienso sobre la marcha, en la felicidad como eje del devenir social. La tesis sería: Las sociedades tienden inevitablemente a satisfacer la felicidad de sus integrantes o a fracasar. Yo creo que se le puede hacer una crítica similar al historicismo, por reduccionista y basada en premisas que, bueno, puede ser que sí puede ser que no… pero en cualquier caso bastante distante de un conocimiento científico in strictu sensu ¿Cómo lo ves tú, Instan?
Yo estoy muy de acuerdo con Popper en que la sociología es muy cuestionable. Lo más efectivo sería considerarla una rama de la economía o de la historia (o de ambas), en cuanto a organizar unas categorías para describir el pasado y no sé en que medida, el presente. Poco más. Ahora, no estoy de acuerdo en su visión política de la filosofía, en todo esto de las sociedades abiertas o cerradas, sin pretenderlo, Popper cae en los mismos errores que dice criticar.

Sr. IA dijo...

Ah... y gracias por lo de Tsiolkovsky, estoy en ello

Instan dijo...

La verdad es que no tengo una idea formada sobre el tema. Me parece que algunas de las críticas de Popper son válidas, aunque irracionalmente tiendo a hacerle menos caso por mi gran admiración a Asimov.

Aunque sí que tengo claro lo que comentas, que luego el cae en los mismos errores que critica en otros autores a la hora de buscar una aplicación política y filosófica más general de su epistemología. La que, por cierto, si se lleva muy lejos pone en serios aprietos a partes muy asentadas de algunas ciencias.

francissco dijo...

La economía tiene posee una formidable capacidad de explicar las cosas a posteriori. Ni en los primeros noventa se atrevía nadie a pronosticar el despegue chino.

Mucha población y mercado, sí. Pero sin patentes, sin democracia; con un estado comunista que coartaba la libre iniciativa privada...aah, que sorpresas.