martes, 6 de julio de 2010

Metafísica para las masas (3)




Volvamos pues al código genético de la pólvora. Dije antes que, según el hilemorfismo aristotélico, la forma se halla inscrita en el objeto.
Morphe, forma… ¿Qué es?

Supongamos que tenemos dos objetos, uno es grande, otro pequeño, uno rojo, el otro amarillo, sin embargo ambos participan de una cualidad común, son círculos. Tienen la forma circular, participan de la circularidad.

Si cotejamos todos los círculos posibles, veremos que todos tienen en común que cualquier punto del perímetro está en igual distancia respecto al centro. Para calcular el área de todos ellos nos vale la misma fórmula de Pi *R2.

Estamos en el problema de los universales. Como un ente particular participa de una naturaleza común a otro de manera que podamos decir de ambos que son la misma cosa. A partir de aquí la filosofía se ramifica como un coral. En función de cuál sea el siguiente paso semántico que demos desembocaremos en un sitio y en otro.

Se ha dicho que donde Platón veía figuras geométricas, Aristóteles pensaba en términos biológicos. Si aplicamos a un roble el mismo proceso de abstracción que nos ha servido para identificar un círculo –que no otra cosa hizo Aristóteles- no resulta insensato pensar que en los objetos la forma está inserta en el individuo.

¿Qué es ser roble? Independientemente del tamaño, llamaremos roblidad a la capacidad de ese árbol de florecer de un determinado modo, dar bellotas, tener unas determinadas hojas y una madera específica compuesta de un determinado modo. Aristóteles pensaba que la roblidad formaba parte del individuo Roble, que de algún modo, la materia del árbol coexistía con una esencia que le convertía en roble, y que esta esencia común era lo que justificaba, en última instancia, que exista una clase de árboles llamados robles.

A los lectores del siglo XXI no nos extraña este planteamiento. Sabemos que todos los robles disponen de un mismo código genético. En cada célula hay una combinación de aminoácidos que determinan que cosa será ese árbol y cómo. En cualquier agrupación de materia podemos encontrar una determinada combinación química que da razón de su comportamiento. De algún modo, todas las cosas (materiales al menos) disponen de un código nuclear que nos condiciona a reaccionar de un modo u otro.
Pero hay que pensar en términos del siglo IV AC. Aristóteles no tenía microscopios ni tabla de los elementos para demostrar sus teorías. De ahí que, aprovechando ese vacío, los filósofos, especialmente los teólogos medievales, van a dar un salto espectacular.

Vean, los teólogos católicos tenían un problema. Debían asentar que su doctrina era verdadera, si era verdadera quiere decirse que las sustentadas por otras religiones eran falsas o parcialmente falsas. Es por eso que se aplicaron con denuedo a conocer los resortes de la argumentación, de la lógica, de la gramática…
Y es así, estudiando el lenguaje, como descubren que la “roblidad” puede considerarse un puro nombre, un sustantivo. Un nombre común que aplicamos sobre un conjunto de individuos.

Si, de acuerdo, dirá Guillermo de Ockham en el siglo XIII, tú puedes pensar que en todo roble hay una semillita que llamaremos “roblidad”, puedes pensar que en todo aquello que sea rojo hay una “rojidad”, pero yo prefiero pensar que a la vista de una colección de objetos extraigo un denominador común, algo aplicable (predicable) a todos, y a ese algo le llamo X. Colorín colarao. Sólo existen los individuos.

Siguiente parada Descartes.

4 comentarios:

bate dijo...

D.Sr.IA, me gusta lo que escribes, y sobre todo, como lo haces. Pero hay temas que tocas en los que no puedo opinar porque no tengo ni puñetera idea de qué coño puedo decir. Así que dicho esto:
1) ¿Porqué vivimos en un país tan caluroso?
2) Odio el verano.
3) Amo el gazpacho
y 4) Es un placer leerte, amigo.

Un amigo que prefiere no identificarse, por ahora :) dijo...

no pudiendo estar más de acuerdo con bate, he de añadir que anoche la imagen de la pipa y el famoso "esto no es una pipa" de Foucault y Magritte, rondaba por mi cabeza al pensar en las "dudas ciertas", concepto complejo que como filósofo te invito a glosar.

Anónimo dijo...

Déjese de parrafadas y expliquenos desde su cibernético punto de vista el último misterio que tiene a la humanidad ensimismada: El pulpo Paul.
Que dicen las IAS filósofas al respecto?

francissco dijo...

Las intuiciones de Aristóteles tan cercanas al código genético (al menos en lo que se refiere a seres vivos) me han fascinado. Es una cavilación asombrosa y la forma en que se ha confirmado bien le hubiera valido la visita de un viajero temporal para contárselo.

Escribe una novela con esos mimbres, anda. O sino, di lo que sea del amigo René, je, je