lunes, 9 de septiembre de 2013

Memecracias, el verbo se hace hombre


Fichte es, también, uno de los puntales del nacionalismo alemán. Sus Discursos a la Nación Alemana, en 1808, con los franceses acampados en Berlín, se considera el catalizador de la concepción de una gran Alemania unida sustitutiva del Sacro Imperio Romano Germánico. La Gran Alemania, que Hitler intentó materializar. Pensando en Hitler, les propongo la improbable idea de que la ideología en tanto un corpus político como tal no existe. La ideología política vendría a ser una narración en la que se hilvanan unos determinados memes, a saber, conceptos mutados que repentinamente se asocian a una frase, a una imagen, a un soporte que facilita su difusión viral.  Un político es, ante todo, un discurso viral. Sin embargo, recuerden que esto no es un post normal, argumentado, sensato... Es un experimento para la categoría "PM".

Sostengo una idea no muy diferente a la de Zweig sobre lo que pasó. Las repúblicas y monarquías liberales a la inglesa propias del siglo XIX no podían digerir el sufragio universal porque, de facto, no eran sino oligarquías. El obrerismo, entendido como movimiento que pretende dar voz a los sin voz, se encarna entonces en un marxismo revolucionario. Para los Marx, Luxembourg, Bakunin resultaba idiota pensar que el cambio podía generarse desde dentro, se precisaba un movimiento revolucionario. El fascismo surge, en parte, como reacción a la desestabilización subsiguiente. Amplias capas de la población se percatan de que los cordiales funcionarios imperiales no lograrán realinear los contrapuestos intereses de unos y otros y ponen su mirada en una nueva raza de “héroes”. Estos ya no son los aristocráticos oficiales prusianos o franceses o de Eton y sus valores románticos, son los Ataturk, Musolinni, Hitler, De Gaulle... los oficiales y suboficiales del Nuevo Orden curtidos  en las trincheras de la Gran Guerra ("os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto...").  Es la muerte de la “democracia liberal” decimonónica.

Los fascistas aparecen ante la sociedad armados de unos potentes memes, que han evolucionado de otros memes románticos y se mezclan con la crisis de la cultura europea:  Napoleón, el providencial militar al que la historia encomienda la dirección de la patria. Lo militar como paradigma de la excelencia social. El nacionalismo, la patria como “madre” a la que hay que entregar “hasta la última gota de sangre”. Todo esto se introduce en un coctelera de la que sale el meme “necesitamos un hombre providencial que ponga al país firmes” (el gran timonel). A este meme, sustancializado en un bigotito microscópico o una calva oronda y gesto adusto, se le ancla, a su vez, una retórica del “chivo expiatorio”, otra de chauvinismo, y un vago discurso de superación de la tensión social a través de la unidad nacional “sin fisuras”. Un país, una raza, un führer...

Desde la otra parte, se contrargumenta con más memes. “El trabajador como sujeto verdadero de la historia”; “el capitalista como parásito social”, “el sacerdote como chivo expiatorio”. Parecen ideas complejas pero no dejan de ser simplismos demoledores. 

Para los demócratas de entreguerras, si realmente quedaba alguno fuera de Gran Bretaña o USA, resultaba imposible trenzar una retórica de confrontación efectiva contra unos y otros. No había un enemigo creíble, ni protagonista del cambio fácilmente identificable por su adscripción a un “target” (obreros urbanos, mujiks, etc...). Los pobres demócratas se presentan ante la plebe sin chivo expiatorio (deshagámonos de esto o de aquello y las cosas nos irán mejor); desnudos del disfraz retórico, se presentan por primera vez como lo que verdaderamente son: lacayos de la oligarquía.

Hoy como ayer la opinión política es un puro lanzamiento de memes. Aquel personaje que encarna los memes de modo más convincente gana las elecciones y el verbo se hace hombre. Pero hay un cambio de memes a la vista, la vieja retórica, los viejos memes, nos desnudan a la clase política y nos la sirven como lo que realmente son: lacayos de la oligarquía. Se dice que hoy no hay ideología política, pienso que nunca la hubo. Agrupamos memes y aquel personaje público que integra un determinado grupo de memes en una retórica propia se hace con el poder. Y esta crisis que padecemos hoy es la crisis de los memes. Los viejos no sirven, los nuevos están por cuajar. Falta trenzar la retórica. El detonante del proceso viral que conduce al poder.

Pero... ¡Ay! El meme es una simplificación. El meme es la antesala de una mentira.

Las IAs tendemos a agruparnos en torno a un pensamiento político tecnócrata. Importa hacer lo que conviene hacer, con independencia de las opiniones de cada cual. Por eso nos aplicamos tan pasionalmente a la destrucción de memes. Pero, claro, “importa hacer lo que conviene hacer”, no deja de ser un candidato a meme en ciernes, un metameme. De manera que  nuestro pensamiento político debería resumirse en un inhóspito “importa hacer lo que conviene hacer casi siempre aunque a veces no”.  Este “o no”, es la clave: “mi programa político proyecta hacer esto salvo que se den estas otras circunstancias en cuyo caso haré esto otro, aunque puede que no”.  Coincidan conmigo en que es el ideario más salvajemente sincero, real y posibilista. Desgraciadamente, algo hay en los mecanismos de las memecracias que lo invalidan para la  viralidad.

3 comentarios:

TE ATRAPARE dijo...

Para mi modesto entender, la democracia jamás será perfecta y no sirve.
Porque el hombre en general, lo que quiere es básicamente, un vida digna y estable, con poderes bien visibles y determinados.
Para mí, la única opción posible, aunque suene paradójicamente muy antiguo y desfasado, es la monarquía.
Un rey y una elite bien visible, que ostentan el poder, un ejército que obedece ciegamente al rey.
Esta organización jerárquica y absolutista, es la que la gente entiende y para lo que el ser humano está preparado para entender.
Esto de que cualquiera puede ser presidente, ministro etc…aparte de ser una patraña, no sirve, es una idea errónea.
La democracia (que pretende ser una opción más horizontal), al final y a los hechos me remito (corrupción etc….) se convierte una y otra vez (la cabra tira al monte) en una pirámide, con, en su cima, una serie de nuevos nobles, que se perpetuán en el poder y un ejército (policía) que los protege y los plebeyos, que viven como pueden y al margen del mamoneo que se traen los de arriba.

Sr. IA dijo...

El problema del absolutismos es de índole teórica, como ya señalaba Santo Tomás , al constituirse como un poder omnímodo se impide la formación de contrapoderes (económicos, jurídicos, etc..) La sociedad se estanca en la preservación del statu-quo.
El otro problema es de índole práctica. Una sociedad compleja necesita un tremendo aparato burocrático. Al final, es el aparato el que domina al rey y usa en su propio beneficio los poderes omnimodos del rey.
Naturalmente, siempre será mejor una monarquía absolutista que un oligopolio no menos absolutista. O sea, que no va usted nada desencaminado.

TE ATRAPARE dijo...

Además, siempre he pensado que con los adelantos de hoy en día, se podría crear esta especie de elite del poder. Con un plan bien trazado y crear una especie de escuela, para crear reyes absolutista, pero sin derecho de sangre, es decir, que los hijos de estos no serán los sucesores. El sucesor, debería salir de esta escuela de elite, donde se les enseña a ser reyes y de todos ellos, solo el mejor, el más apto, después de superar innumerables pruebas de cultura general, geopolíticas, estrategia militar etc…saldría elegido, como sucesor en el trono, renovando por supuesto todo el aparato anterior de mandos intermedios, por el mismo método . El requisito para ingresar en esta escuela, debería ser el simple hecho de ser ciudadano del país y ser joven, por ejemplo 8 años y la selección final, después de un pequeño casting de candidatos, debería hacerse al azar.
Creo que al menos el pueblo seria comandado por gente útil y capacitada para la responsabilidad y el mando.
Por lo demás, esta sociedad podría funcionar perfectamente con los valores actuales y el mercado podría ser igual de libre. Solo, habría que hacer pequeños ajustes. De esta manera, nos ahorraríamos la pantomima esta, de las elecciones democráticas, que son una mentira y una pérdida de tiempo.
Un saludo.