Para comprender un fenómeno social hay que comprender a los que están dentro.
Del actual brote independentista catalán se ha
dicho que representa un “cambio cualitativo y cuantitativo” respecto al
independentismo de ERC. Cuantitativo: incorpora un sustancial porcentaje de
electores al independentismo. Cualitativo: frente al nacionalismo clásico
(basado en el patriotismo), diseña un proyecto político tendente a
superar la dura crisis económica e institucional que padece Cataluña.
Como todo en esta vida, estamos un movimiento
heterogéneo en el que se pueden caracterizar los siguientes subgrupos en
absoluto excluyentes:
- Patriotas
- Hispanofóbicos
- Parados y futuros parados
- Post 15M
Patriotas
El primer grupo es cosustancial a cualquier
entidad política territorial con un cierto protagonismo en la historia de
Europa. En el caso de Cataluña, este
protagonismo no es un “cierto” protagonismo, es un “máximo” protagonismo, por
lo que no tiene nada de extraño la existencia de un activo núcleo de patriotas
en el independentismo catalán. Para entendernos, una nación, y para entendernos, entre 10 a 20 escaños en un
parlamento de 135.
Hispanófobos
Los hispanofóbicos son una corriente en auge.
Tradicionalmente en Cataluña siempre hubo, y no diré que sea meramente gratuito,
un marcado desprecio hacia un determinado modo de españolidad,
paradigmáticamente encarnada en los tertulianos del Gato al Agua. No es ya odio
hacia los argumentos, es un odio hacia la totalidad, desde la manera cómo se
peinan o cómo visten, hasta cómo se expresan o su sentido del humor. Es un odio
hacia un casticismo madrileño que —tal
vez equivocadamente—
una gran parte de Cataluña identifica con jactancia, caspa, panespañolismo,
monolingüismo y provincialismo cultural. Existe otra hispanofobia tradicional, de carácter rural, basada en aquello de que "de fuera nunca nos ha caído nada nuevo".
Sin embargo, tales hispanofobias son más anecdóticas de lo que parece en la hispanofobia actual. Mucho más interesante es la hispanofobia
cimentada en la Mitopoeia del Expolio Fiscal. Al respecto yo no voy a perder
mucho tiempo. Aquí tienen las tesis de Ernest Lluch, basadas en la dinámica deflujos económicos y una noción redistributiva del hecho fiscal. A ello añado,
el efecto distorsionante de la empresa como recaudador de impuestos, de donde a mayor superávit comercial, mayor ingreso fiscal. Esto se puede y se ha
demostrado matemáticamente. Como también
se puede demostrar matemáticamente la cantidad de impuestos declarados en
Cataluña y procedentes de fuera de Cataluña (al menos el IVA).
La Mitopoeia del Expolio Fiscal, bien atizada
desde el 95% de la presión mediática catalana, ha redundado en un nuevo capítulo
de la ley social del Chivo Expiatorio, según la cual, en momentos de malestar
el vulgo, hábilmente conducido por las oligarquías económico—administrativas, proyecta la
responsabilidad de sus males, no sobre las citadas oligarquías, sino sobre un tercer
agente, “el enemigo exterior”, en este caso España.
Futuros parados
Los parados y futuros parados ofrecen una
tipología más interesante si cabe. En España, no solo en Cataluña, la terciarización
ha inducido una inflación de nóminas en el sector público. Son funcionarios,
trabajadores dependientes de programas públicos, ect… y que se ven, y no sin
razón, como los grandes paganos de la actual crisis. De disponer de un sueldo
aceptable (en términos de la realidad española) y estable en el largo plazo, han pasado a contar con sueldos
tirando a insuficientes para sus niveles de consumo, en peores condiciones
laborales, y lo que es más importante, con un total nivel de incertidumbre en
el corto plazo. Para ellos, los recortes son La Amenaza. De mediana edad, con
cargas familiares y financieras, saben de cierto que, o mantienen sus trabajos,
o ya se pueden dar por expulsados de la clase media europea. Son los grandes
sacrificados de esta crisis, que no es otra que la crisis del paso de una
injusta sociedad de consumo a una no menos injusta de la eficiencia. Para este
colectivo, una Cataluña independiente supone secesionarse, también, de la
política de austeridad de Madrid. Y lo que es más importante, para ellos, una
Cataluña independiente genera oportunidades en un sector público que, aunque
pierda peso laboral de un lado, está llamado a generar nuevas estructuras
burocráticas sustitutivas de las españolas.
Añadan a los futuros parados, los centenares de
miles de parados catalanes de facto, para quienes peor no puede ir la cosa, de
donde cualquier cambio…
Post 15M
Por último, el 15M. Este movimiento de rechazo
del sistema político partitocrático y de una etérea voluntad de cambio del
sistema, legó un colectivo de decenas de miles de ciudadanos deseosos de acción
política (del escepticismo pasaron al activismo). Ahora bien, huérfanos de una
opción política clara, han visto en el independentismo la posibilidad de una
nueva génesis social. Por otro lado —y
una buena prueba es la Assemblea Nacional Catalana— han copiado unas pautas de movilización muy
efectivas basadas en pequeñas pero dinámicas redes, ajenas (aparentemente) a
las inercias oligarco—partitocráticas.
En este sentido, la acción movilizadora de la ANC me parece absolutamente
brillante. Hay que ver, y admirar, como, a la manera de la Liga Padana, a
través de una acción lúdico—festiva
de consulta popular supieron generar una estructura de acción territorial, y
cómo la han sabido dar continuidad en el tiempo. Los conservadores españoles —entre los que cabe incluir a
esta inteligencia artificial—
nunca jamás deberíamos olvidar el tremendo error que fue despreciar (incluso
caricaturizar) a la ANC. En este sentido, el secesionismo catalán camina varios
pasos por delante.
En definitiva. Hay un cambio cuantitativo y
cualitativo en el independentismo catalán. Hay una homogeneidad de objetivos —la independencia— dentro de una razonable
heterogeneidad social.
Salvo ruptura drástica del Estado español (no olvidemos
que los catalanes y los vascos no son ni el único ni el principal problema de
un país en una de sus más trascendentales encrucijadas). Salvo ruptura del
Estado, repito, el independentismo no llegará a nada por las complejidades
técnicas de la creación de un nuevo estado en un mercado hiper trabado, falta de la colaboración neesaria del mercado primario (España) y, para
colmo, la enorme sujección institucional y jurídica a un tutelaje de facto de la Unión Europea. Pero claro, me puedo equivocar. De hecho me
suelo equivocar.





