lunes, 2 de febrero de 2015

Restos de Población y el tratado de la paciencia

Paciencia, mucha paciencia con esta novela.
Finalista del Hugo 97, Restos de Población, de Elizabeth Moon, me ha impactado. Una correcta novela de primer encuentro que tiene en su protagonista, Sera Ofelia, su verdadero tour de force, su razón de ser.

Un planeta perdido de la mano de Dios, un puñado de colonos instalados en zona tropical tratando de adaptar a la biología terráquea la naturaleza alienígena. Tras cuarenta años luchando contra monzones y radiaciones, la compañía cancela el asentamiento y evacua a los colonos.

A sus 80 años, Sera Ofelia, solo quiere tranquilidad. Su hijo y nuera son un poco capullos, no la necesitan para nada allá donde van. Su pasado ha sido más bien desdichado (hijos muertos, marido machista), y he aquí que cuando cultivando sus tomates y habas Ofelia había logrado una cierta armonía la obligan a irse. Para lo que me queda en el convento... Y Ofelia decide esconderse, rehuir la última lanzadera y cual Robinsona Crusoe, sobrevivir en su casa, en su huerto.

Tiene a su favor una tecnología energética y algo así como una impresora 3D. Tiene en su contra la cadera, los muchos años, el pasado, una cabeza lenta, pero sagaz. Una vieja cabrona harta de todo que oculta su rebeldía permanente bajo una máscara de ovejil mansedumbre.

Las cosas van más o menos hasta que aparece El Pueblo, una sorprendente raza hostil muy atrasada tecnológicamente que, de la noche a la mañana, se da a conocer. Ofelia está llamada a ser la embajadora de los humanos ante esta nueva especie inteligente, la primera con la que se tropiezan los humanos.

Hay mucho de Robinsón Crusoe en esta novela, pero ante todo, lo que hay, es una, por momentos exasperante, aproximación a la mente de una abuela, sin formación, sin ciencia, sin otro ingenio que su armonía y sentido común. Esta es la grandeza de Restos de Población, nos plantea la típica historia de primer contacto, pero en las carnes de una abuela.

La parte negativa es que para meternos en la mente de Ofelia vamos a tener que invertir casi medio libro en un senecto pasa-páginas sin acción, sin trama, sin otra cosa que abuelo viendo crecer la hierba. El retrato psicológico de la abuela es espectacular, acorde a la paciencia del lector. En cuanto a los alienígenas, en líneas generales bien, se peca un tanto de falta de credibilidad que Moon intenta trampear como puede. Hay un buen trabajo filológico, antropológico y mítico (a la hora de pintar el mundo trascendente de El Pueblo). Y no digo más para no destripar un libro. Que recomiendo a aficionados a la CF ya talluditos, interesados en la gerontología y encallecidos lectores de CF, con arrestos para todo.

Porque es un libro que requiere lentitud, paciencia, buena voluntad. A mí el esfuerzo me valió la pena. Tuve paciencia, y como Ofelia, al final me vi recompensado por una novela de primer contacto emocionante, muy bien escrita, distinta, con sus pequeños errores, pero atractiva y gratificante.