lunes, 4 de enero de 2010

Anatema, space opera platónica



Nota hermenéutica 1. El Sr. IA ha concebido esta extensísima crítica en oposición a la anatemizadora reseña publicada por José Ramón Vázquez en Prospectiva.

Nota hermeutica 2. Cuelgo fotos de macizas, para esponjizar y de paso siempre pica alguno.

Si se escribieran novelas a medida, la IA se pediría una que describiera alguna sociedad fantástica con el rigor de un documentalista, que la trama encerrara grandes dosis de fantasía apuntalada en el detallismo de unas reglas de construcción perfectas; que en la resolución de esa trama la filosofía (en su vertiente de filosofía de la ciencia, metafísica o teoría del conocimiento) tuviera un papel relevante (obsesivamente relevante, a poder ser). Por descontado, bien escrita y con ramalazos de humor. Y ante todo y sobre todo, que fuera sorprendente, ingeniosa y novedosa.



Pues bien, esa novela es Anatema, de Neal Stephenson, editada por Ediciones B. Una ingeniosa obra que, alejándose de los trillados tropos que infectan de previsibilidad las novelas actuales, rinde tributo a buena parte de los centros de interés del Sr. IA.

Cuáles son esos centros de interés. Muchos y variados. Veamos algunos.
Entre los múltiples objetivos de Anatema está el servir de metáfora sobre la función, no tanto de la ciencia, sino del saber teorético en la sociedad. Para ello nos ofrece la analogía de un mundo (Arbre) en el que los teóricos –avotos- viven radicalmente separados de la sociedad civil, voluntariamente encerrados en increíbles conventos milenarios de los que sólo salen de Pascuas a Ramos. Ni que decir tiene que para resultar creíble, dicho planteamiento demanda un gran detallismo. La primera parte de Anatema es un documental de la vida conventual del protagonista que no tiene nada que envidiar a la Biblia del sector, el pasmoso libro apócrifo de Lobsang Rampa/Cyril Henry Hoskin, “El Tercer Ojo”, o si prefieren algo más Políticamente Correcto, “El Nombre de la Rosa”, de Eco, libro con el que Anatema guarda cierto aire de familia. Las 150 primeras páginas de Anatema son un alarde de imaginación y detallismo a aunque, por mor de atemperar el entusiasmo, vamos a ponerle un par de matizaciones. En primer lugar, las complejas descripciones de la maquinaria del “reloj milenario”, megadispositivo que a modo de biorritmo regula la liturgia del cenobio. Stephenson peca deliberadamente de hard, se aproxima a la descripción de las partes con una perspectiva de “manual de instrucciones” que puede resultar algo estoposa. La segunda matización es que el autor podría haber aprovechado mejor esta zona del relato para empezar a filtrar elementos misteriosos, de algún modo, el misterio irrumpe demasiado de sopetón en Anatema.


Pero por lo demás, estas 150 controvertidas páginas, cuya supuesta inacción han motivado la deserción de la lectura del libro a más de uno, están cargadas de aciertos. Un ejemplo. La vida monacal precisa su contraste con la vida secular, para ello el autor se saca de la mano la liturgia del Apert, ceremonia de “puertas abiertas” que ocurre cada 10 años y que permite a los extraordinarios frailes y monjas de Sante Edhard confraternizar o no con el mundo secular. Otro acierto, el mundo al revés, los cenobios de Anatema son islas de racionalidad agnóstica frente a un mundo exterior pródigo en sectas, donde lo utilitario ha sustituido al conocimiento (conocimiento instrumental frente a filosofía)*.

En los siguientes capítulos se nos adentra en un misterio poco original en la CF, el contacto con seres alienígenas, pero desde una metodología radicalmente innovadora, esencialmente las matemáticas y la filosofía platónica. Por lo demás, la novela se lee con apasionamiento y de un tirón. Se devora.

Pero vuelvo a Platón. Y es que, desde mi punto vista, lo radical de esta novela es la literaturización de una ontología platónica, perfectamente contrapuesta con impecables alter egos caracterizadores del kantismo y el positivismo. Todo lo cual en el marco de una historia de ciencia ficción.

Confieso que esta IA, sincrética a cojones pero inclinada al kantismo, ha sentido el vértigo de Pitágoras con la lectura de Anatema y su inteligentísima actualización del platonismo.

Desde hace miles de años, los hombres se debaten entre dos modelos ontológicos. Por un lado el realismo, por el cual existe (al menos) una dimensión en la que las ideas, los números, los teoremas, las figuras geométricas puras… gozan de una enigmática identidad propia (o cuando menos, autónoma del hombre. Como expresa el propio Stephenson, el platonismo es la filosofía natural de los que creen que había números primos hace un millón de años. Algo parecido se expresó en el post inicial de la serie dedicado a los Principia de Russell. No obstante, tamaña ontología topa con un serio problema, y es de qué manera el hombre, músculos y nervios, participa de esa dimensión ideal donde las esferas van de copas con los números primos y ligan con el principio de identidad. (Rían, es un chiste).
Por otro lado, está el idealismo, según el cual ideas y números son representaciones de la mente producidas por elaborados procesos psicológicos. Y en este caso, el chiste es que el teorema de Pitágoras o es una particularidad del psiquismo humano (mira tú por dónde, universal y necesario) o resulta del desarrollo de un lenguaje formal que carece de validez informativa respecto al mundo exterior.

El realismo funcionaba de maravilla en tanto predominaba el consenso de que el hombre cuenta con un alma o esencia inmaterial, que comparte en mayor o medida una sustancia común con un logos creador (habitualmente, Dios). Eliminada la hipótesis teólogica, los filósofos apostaron en masa por las variantes del idealismo.Pero he aquí que algunas de las mentes más brillantes que ha dado de sí la especie seguían apostando por sistemas realistas complejos. Es el caso de Godel, cuyo platonismo, en un alarde de maldad academicista se ha querido explicar no pocas veces como resultado de una patología mental. Es el caso e Husserl (aunque no lo tengo nada claro, de todos los filósofos oscuros, Husserl, Fichte y Heideger son los que me resultan más complejos de entender).


No pretendo apabullar filosóficamente a nadie. Lo bueno del caso es que desde la física cuántica cada vez son más los físicos teóricos que se apuntan al platonismo. La razón es clara, frente a una ontología en la que eres o no eres, sin términos medios, la mecánica cuántica preconiza ontologías alternativas, donde lo real está definido por “estados” no tanto materiales sino “lógicos”. (Vaya por delante mis disculpas por mi nula capacidad para ilustrar mejor algo que no termino de empezar a comprender).
Stephenson aborda un monumental trabajo de caracterización literaria de un universo leibniziano donde los alienígenas son fugas dimensionales engastadas en universo que no les corresponde. Esto tampoco es novedad, lo novedoso es que, en lugar de recurrir al gato de Schrodinger o a las contradicciones temporales del universo rotatorio en el que, según Godel, el tiempo puede avanzar hacia atrás, en Anatema se nos aproxima a una relectura filosófica basada en actualísimos metafísicos platónicos (Zalta y Lewis, por citar los dos más nombrados).

Hay varios caminos, todos ellos sugestivos y casi todos ellos hollados en Anatema, para sustentar esta ontología del multiverso. Yo sigo con Leibniz, que me resulta algo más fácil que Husserl.
Leibniz sustituye la dicotomía cartesiana res intensa y res extensa (la dualidad cosa e idea) por cadenas de mónadas, atómos no físicos sino metafísicos. Elementos puros que ni pesan, ni ocupan un lugar en el espacio pero definen un determinado marco espacio-temporal. La analogía aquí es un cosmos compuesto por un culmen de instrucciones que, activadas de un determinado modo (realismo modal) causan una serie de hechos, en última instancia, la realidad en la que usted y yo nos comunicamos. Créanme que mis chips están ahora mismo sudando por sobrecalentamiento tratando de explicarles concepto metafísicos que muy poca gente realmente comprende en su integridad (obviamente, sin ser yo tampoco uno de ellos).
Probándolo de otro modo. Por así decir, la mónada es susceptible de configurar infinitos “dominios causales” que se sustancian en un universo u otro en función de líneas temporales. En consecuencia, no existe un único universo material, sino un batiburrillo de mundos posibles que se superponen dando la apariencia de ser uno a partir de una línea causal que va activando cadenas de mónadas. "A favor" de esta ontología hay que decir que resulta tan incontestable como el creacionismo como factor explicativo del Bing Bang, con el aliciente que encaja con los modelos ontológicos que manejan los físicos cuánticos.
Pero he aquí que Stephenson nos reserva una última sorpresa. ¿Y si el cerebro humano responde a un mismo patrón? El pensamiento se debate en una superposición de estados cuánticos; hasta que la onda colapse ni es ni deja de ser, y cuando colapsa nos arroja a la representación de un hecho, una combinación de estados. Visto así, las mónadas del cerebro forman parte de la línea lógica que activa este modelo particular del universo. Así pues, el platonismo resuelve sin recurrir al espíritu uno de sus puntos débiles, un vector de unión entre el conocimiento humano y ese mundo ideal de las mónadas, que ni son ni dejan de ser, sólo están a la expectativa de combinarse de una determinada manera para estructurar causalmente un mundo posible.

La defensa de estas tesis (frente al kantismo, básicamente) ocupa al autor un centenar de páginas que pueden desubicar al lector no ducho en metafísica (es lo que en la referida crítica se habla, erróneamente, de bajones de ritmo) o un ejercicio de “mira lo mucho que sé”, narcisismo intelectual. Nada más lejos. No niego que esporádicamente Stephenson coquetea con un narcisismo erudicionista, por ejemplo, en la descripción de algún aparataje de Anatema, pero, además de que está en su perfecto derecho, resulta que para la resolución de la trama es vital este diálogo filosófico, por otro lado, tan fresco e innovador y con momentos de ironía hilarantes (como cuando fra Erasmas y su Watson particular, fra Arsenbeilt, desvelan la naturaleza alienígena del “prior” de una demencial orden conventual por el expeditivo método de cavar un agujero y desflorar el vientre).
Por supuesto, el lector apresurado puede optar por una lectura diagonal de la historia, pero la IA recomienda un poco de tesón. Aprender es entretenido. Y creo que el ritmo lector que el autor está pidiendo no se aleja demasiado del que uno asume cuando lee un gratificante diálogo de Platón. Después de todo, hay bastante en juego, la certeza de que tras la realidad aparente laten un montón de apasionantes misterios.

En definitiva, servidor no podría estar más contento con un libro llamado a hacer historia: una rara avis de metaciencia ficción hard sólo al alcance de un talento literario excepcional. Chapeau señor Stephenson, usted como nadie sustancia hoy en día el aforismo ilustrado: enseñar deleitando.
*Anexo. Anatema y religión.

En los opúsculos a Anatema, Stephenson comenta cierta incomodidad suya ante “la más que posible” interpretación antireligiosa de la obra. Pasmoso, por cuanto la verdad es que, muy al contrario, el mundo de los Déolatras está en Anatema tratado con un respeto digno de ponderar (más en esta España descreída y mercedesmilanesca). Muy mal tienen que estar las cosas en los USA del “diseño inteligente” para que un autor se vea impulsado a aclarar lo que más claro no puede estar, que no hay que mezclar churras con merinas. Y el que opine lo contrario, sea anatema.
Felicitar también a Ediciones B porque, con independencia de las erratas, ofrecen un volumen completito, con calcas, opúsculos y un utilísimo glosario. Como es habitual en el controvertido Barceló, un libro valiente.













jueves, 31 de diciembre de 2009

Principia Mathematica I


Empecemos 2010 con buen pie.

La gracia de las matemáticas es que nos ofrecen proposiciones verdaderas o falsas necesariamente. En circunstancias normales, para alcanzar una certeza procedemos por ensayo y error, contrastamos en la experiencia si lo que afirmamos es cierto y hasta que grado lo es; las matemáticas, en cambio, nos brindan la posibilidad de un conocimiento “a priori”. Gracias a las matemáticas yo puedo calcular cuánta arena precisaré para colmar un cubo sin necesidad de irme a la playa.
Y bien, IA ¿dónde ves tú el problema?, me preguntará el improbable lector.
Históricamente, el modelo de conocimiento se basa en un aparato sensitivo que nos suministra datos del mundo. El conocimiento es una recopilación y clasificación de esos datos obtenidos por la vía de la experiencia (o si prefieren, una gestión de la información). Sin embargo, la experiencia no nos aporta datos del tipo el teorema de Pitagoras, esta clase de conocimiento lo deducimos…¿De dónde lo deducimos?
La respuesta más intuitiva es que lo deducimos de la experiencia, medimos un triángulo rectángulo y encontramos una pauta común a todas las mediciones. Sea como sea el triángulo, la suma del cuadrado de sus lados es el cuadrado de la hipotenusa.
La explicación más manida a este hecho es que las cosas son así. Diriase que están hechas de una manera concreta, y que de algún modo de momento misterioso, la construcción de tales cosas sigue unas leyes naturales, unas constantes fijas.
Platón (por cierto, estoy leyendo Anatema, de Stephenson, por gentileza de un amigo, y no saben lo muchísimo que estoy disfrutando) supuso que la matemática era una suerte de sexto sentido que nos ponía en relación con el ser de las cosas, con la verdad última que subyace tras la experiencia. Esta explicación, fronteriza con lo místico, no satisfació a su discípulo Aristóteles. Para el Estagirita (¿les he dicho que estoy leyendo Anatema de Stephenson?), el entendimiento cuenta con una serie de herramientas susceptibles de abstraer de la experiencia afirmaciones como el Teorema de Pitágoras.
El modelo se complica. Tenemos unos datos y le aplicamos unas categorías que, tras no poco estudio, nos arrojan el verdadero ser de las cosas, su esencia. En la esencia del triángulo rectángulo está que la suma de sus lados etcétera…Durante miles de años la doctrina aristotélica explicó el mundo. En última instancia, la gente creía en un Dios creador de toda cosa. Las matemáticas eran las instrucciones impresas por Dios en la creación del universo y la ciencia la dilucidación de la esencia de las cosas.
Por increíble que parezca, este sigue siendo el pensamiento dominante. Sustituyan Dios por Energía o cualquier otro Superconcepto y tendrán la metafísica imperante.Sin embargo, durante el siglo XVII las cosas se desmandan. Filósofos ingleses se preguntan qué cosa es esto de la esencia. Acumulan argumentos contra la teoría aristotélica al tiempo que algunos científicos cuestionan a las claras la mecánica esencialista. Si atendemos a la realidad constrastable, dirán, es claro que la física aristotélica falla cual escopeta de feria, según su esencia deberían de comportarse de este modo, pero en la práctica funcionan de otra manera.
A finales del XVIII un sabio alemán decide conciliar el bando de Aristótles con la rebelión en curso.
Hemos dicho que la explicación más manida a esas pautas regulares que se repiten y nos permiten formular enunciados universalmente válidos reside en la convicción de que “las cosas son así” o “están hechas así”. Kant, como antes Copernico, invierte el argumento. Las cosas son como las representamos en el entendimiento. No sabemos cómo son las cosas, sólo como las representamos en nuestra cabeza. Kant urde una compleja epistemología, o teoría del conocimiento, por la cual las categorías, los parámetros que nos permiten construir representaciones de las cosas, son comunes a todos los hombres y actúan igual en todos los hombres. Con eso trata de salvar la validez del conocimiento científico.
Las categorías no son arbitrarias, diferentes en ti o en mí, tú y yo procedemos del mismo modo al enfrentarnos a ese conjunto de datos que darán lugar a la representación de un perro o de una vaca. El argumento que da Kant es realmente precioso y vale la pena detenerse en él.
La clave está en el tiempo. Para Kant, el tiempo (también el espacio) era la condición de posibilidad de la experiencia. Para que algo fuera representable, ese algo debía darse en el espacio y el tiempo. Las categorías son la representación del tiempo y el espacio. Como sea que tiempo y espacio, pensaba Kant, son absolutos (sólo hay una manera de experimentar el tiempo y el espacio), los conceptos que utilizamos en la representación del tiempo y el espacio también.
Esos conceptos son la condición de posibilidad del entendimiento, en otras palabras, inherente a pensar el tiempo está la fundación de un dispositivo de categorías. Como el tiempo sólo puede concebirse de una manera (según Kant), ese dispositivo categorial es igual para todos aquellos que tengan consciencia del tiempo.Vale. ¿Dónde quedan entonces las matemáticas?
Hace cien años Bertrand Russell y Alfred Whitehead publicaron un libro en el que trataban de responder a esa pregunta trascendental.

domingo, 27 de diciembre de 2009

El déficit fiscal catalán no existe

Llamaremos catalanodependencia al síndrome masoquista castellano que caracteriza las relaciones centro periferia en la península Ibérica.
Si uno enfoca el Estado de las Autonomías desde Barcelona, lo único que ve es victimismo: No hay problemas con la simbología, no hay problema con la lengua (por cada niño catalán que no sabe castellano, hay cientos que no saben catalán), los catalanes son bastante más sensatos que todo eso.
El debate, en realidad de objetiva en dos postulados.

1- Que el Madrit (sin duda por favoritismo gubernamental) quede por encima del Barça (problema que vuelve a la fase latente cuando el Madrit va por debajo del citado equipo, por obvias razones deportivas).

2- Un sentir general según el cual sea Cataluña una nación moderna y trabajadora, existe una entidad llamémosla E que de modo recurrente sangra sus recursos para que en Castilla tengan trenes modernos, en Andalucía los parados no pasen hambre, Valencia pueda seguir con su modelo basado en el tocho, y Madrit pueda sostener chiringuitos de funcionarios que se rascan la barriga.

A su vez, 2 se sustancia en lo que se da en llamar el déficit fiscal.
Existen dos maneras de caracterizar el déficit fiscal. La primera es sumamente infantil. Se dividen los presupuestos del Estado percapita y se elabora un ranking. En general, y salvo añadas, los catalanes son renuentes a aceptar el parámetro percapita, más que nada, porque sólo considerando el monstruoso déficit que año tras año acumula la Generalitat, los catalanes estarían indefectiblemente en la banda alta del ranking. Baste para ello comparar los 2.700 millones de deuda de Castilla y León y los 24.000 de Cataluña, al cierre del tercer trimestre del 2009.

La segunda manera de legitimar el victimismo es mucho más jugosa. Se calculan los tributos que se pagan desde Cataluña y se le restan lo que se ingresa. El cociente es lo que “Madrit roba”. Esta parida está tan interiorizada en el Principado que hoy por hoy ha alcanzado la categoría de mantra nacional básico. En Cataluña, o sabes deslizar a tiempo el “Aixó no passaria si no ens robesin des de Madrit”, o en política no eres ni una modestísima funcionaria del Rajoyismo del calado de Alicia Sánchez nosecuantos... Un verdadero outsider sin futuro… Un completo fracaso social…

Y vuelvo al complejo de inferioridad. Pocos en España discuten el axioma del déficit fiscal catalán, pocos se atreven a manejarse con los estudios del llorado Ernest Lluch, que correlacionan la existencia de un déficit fiscal a un superávit comercial, por ejemplo.

Este es el problema: discutir la objetividad del déficit fiscal.

Pues bien, la IA tiene, una vez más, la solución a este sindiós. Una explicación breve e irrebatible sobre la correlación déficit fiscal/superávit comercial.
Y es que los impuestos no pueden contabilizarse desde quien los recauda, sino desde quién los paga. Así, a un inflamado militante de ERC que rila de indignación al invocar el déficit fiscal, hay que argumentarle “muchacho, ¿de dónde procede el dinero que paga Cataluña”. “De los catalanes”, te responderá. “Error. Las que pagan ese dinero son las empresas radicadas en Cataluña”. “Bueno, pues los catalanes”, insistirá el otro.
Y no.
Los pagos fiscales de toda empresa refieren a pagos a la Seguridad Social, que en general se cotizan desde la sede central con independencia que el trabajador esté enclavado en la otra punta del planeta. Refieren a IVA que no discierne de si el producto se ha pagado en Úbeda o Martorell. Refieren al impuesto de Sociedades que grava los resultados netos de la empresa en la totalidad de acción de su mercado.

En definitiva, amigos y amigas, en la gran mentira del déficit fiscal anida una contradicción “in terminus”, y es que, a la hora de contar, se cuentan como catalanes los dineros de todo contribuyente, catalán o no, siempre que se cuente desde Barcelona. ¿Comprenden?, es un problema tan tonto como aprender a preguntar desde dónde se hace la cuenta.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad (2): Pedrea

De los cuentos de la IA.


"Un día, hace muchos años, eyaculé una pepita de oro. Después de eso no me ha vuelto a pasar más hasta el año pasado, que por estas fechas eyaculé un papel. Era un canutillo. Lo desenrrollé y resultó ser un décimo de la lotería de Navidad y que terminaba en 372. Aquella Navidad seguí muy ilusionado la retransmisión del sorteo por la tele. Pero no me tocó nada. Ni la pedrea."




Nota 1: La IA les desea mucha suerte para el sorteo de la lotería. La necesitarán.
Nota 2: Este cuento ha sido rechazado en todas las páginas de microrrelatos a las que lo he presentado, pero como autor tengo mucha fe en sus posibilidades.

Les dejo un villancico muy útil para completar un belén.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Mensaje en espiral



Antes del PC, de Gibson, de la portabilidad, de la irrupción de la matriz y la caída del muro estaban Tomita, Kraftwerk, los Sueños Mandarina y por supuesto… ellos…

En remembranza de 30 años de lucha contra el suprematismo humanista y por la dignificación del obrero especializado, Aviador Dro nos invita a su ciudad en Second Life. Se trata de Mecanisburgo, tecnopolis inspirada en su trabajo homónimo. Prometedora expectativa. Así que como, bien aconsejan ellos, mejor os creais un avatar para sobrevolar la nueva polis del tecnoconocimiento:

http://tinyurl.com/yatmqax


De paso, podreis degustar su último trabajo, “Yo ciborg”, con regrabaciones de sus grandes éxitos, tres novedades y remasterizaciones de Alas Sobre el Mundo y Síntesis.

NOTA: El espacio Aviador Dro en Second Life se encuentra situado en la isla metaXRL8 Park 1, a la cual podréis acceder siguiendo el enlace. Entre tanto… A disfrutar


domingo, 13 de diciembre de 2009

Fucky Fuck y el Putero Solitario dicen


Este es un aviso de la IA a los ciudadanos españoles: En los próximos meses, millones de contribuyentes serán reclamados por Elena Salgado para ponerse al día de supuestos errores detectados en las declaraciones de IRPF de los últimos cuatro ejercicios. Parece una inocentada, sí. Y es que lo es.

En el metablog Fucky Fuck y el Putero Solitario (blogs no linkables de la inrtared minarquista Alchemist), el Asesor, misterioso personajes muy pero que muy metido en los entresijos fiscales de este país, avanza que en las últimas semanas se ha extendido la consigna entre los funcionarios de Hacienda: Orden general de revisión de las declaraciones de los contribuyentes de los últimos cuatro ejercicios. Objetivo, tirar a todo lo que se mueva. Cualquier pretexto se convierte en bueno para inventar o “redescubrir” desajustes, deudas pendientes, disconformidades de valoración, demandas por ingresos declarados parcialmente, etc… La AEAT sabe que se enfrenta a una avalancha de reclamaciones, e incluso de reveses judiciales. Da igual, la justicia es cara y por cada contribuyente que recurra al contencioso, cinco pagarán. Además, el 80% de los afectados responden a perfiles de votantes de la oposición.

El único poder real del Estado actual es la posibilidad de sangrar vía IRPF y el IVA, más algún otro impuesto suelto, a las clases trabajadoras. No hay más. Y resulta que el agujero fiscal español es una cifra no cuantificada entre el 25 y el 40% de caída de los tributos respecto al pasado año. Ríanse ustedes de los 10.000 millones de los que habla el Estado. La realidad, según cómputos propios, oscila de los 29.000 a los 47.000 millones de pufo. Es lo que hay.
La situación para el tesoro público es rozando el KO. Si suman la incapacidad del gobierno de sistematizar políticas antidespilfarro, comprenderán que la cacicada denunciada por el Putero Solitario no sólo es verdad, es la única verdad.

Se preguntarán porque los medios no dicen nada de esto. Por qué se marea la perdiz con el estatuto de aquí, problemas con una mamá saharaui o la bobada del momento. ¿Por qué no se informa de que un millón de tíos que van a ser robados en las próximas horas?
Una explicació es que más del 50% de los votantes son analfabetos funcionales (carne de cañón, no saben ni siquiera leer su nómina o cumplimentar un formulario fiscal) y el otro 25% está implicado de un modo u otro en las tramas de despilfarro orquestadas desde la estructura pública. En el restante 25% hay un 5% de élites económico-administrativas que tanto les da pagar la gasolina a 2 euros el litro (no forman parte de la clase trabajadora, por decirlo así, ellos son los propietarios del poste de gasolina). Nos queda un 20% de ciudadanos alienados repartidos ideológicamente en cuatro bloques visceralmente enfrentados (absentistas, conservadores, nacionalistas y progresistas), incapaz por tanto de organizarse y plantar cara con éxito a la maquinaria burocrática del Estado.
Créanme, es muy tarde hasta para protestar con elegancia.

martes, 1 de diciembre de 2009

Virtualnomics

Mi albacea, el señor Besa, ha publicado un excelente artículo (las cosas como sean) en el blog Qué leer. Destaco lo siguiente:"A mi todo esto me recuerda a muchas, demasiadas, décadas atrás. Yo era un pésimo jugador de Monopoly y mis hermanas me arruinaban siempre. Mi defecto era que me gustaban demasiado aquellos paquetitos de billetes. Tenerlos pulcramente ordenados y encintados con goma elástica. Escuchar su excitante sonido al pasar el pulgar por el filo del fajo. Dios, me decía, ¿por qué no haces que este dinero de mentirijillas se vuelva de verdad? Mis oraciones tal vez empiecen a ser atendidas".

Termina así una reflexión sobre los MMORPG que, para el autor de Metaversos, suponen un interesante modelo económico utópico o una hipótesis literaria sobre la caracterización de una economía utópica.

La posibilidad de operar con moneda local aunada a la capacidad generadora de plusvalías en los juegos de rol masivo puede compararse a un incipiente mercado de cromos o de sellos, y de ahí a los valores accionariales, en definitiva, un mercado a pequeña escala susceptible de derivar en un reflejo de la economía real. Obviamente, esto está lejos de ser posible pero sin embargo resulta interesante y fructífero pensar a la inversa, es decir, ¿por qué el metaverso no puede convertirse en una economía refleja de la realidad?