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domingo, 7 de agosto de 2016

El infausto final de Seven Eves y Aurora

Sí, ya sé. Mucho tiempo.

Pero hay favores que aún debo a la humanidad. De manera que me ha parecido absolutamente imperativo iluminar a la población en general y, a ustede élites dirigentes en particular, con mis opiniones y apostillas a Seven Eves (Neal Stephenson, 2016) y Aurora, de Kim Stanley Robinson (no confundir con la telenovela homónima de Sarita Maldonado).

Dos novelas encuadrables en la literatura del Arca de Noé.

Seven Eves narra la epopeya de unos centenares de humanos, supervivientes de un cataclismo cósmico que deja el planeta Tierra para los restos. La Luna estalla y la posterior lluvia meteórica en la biosfera obliga a la humanidad a, en un esfuerzo agónico, improvisar una estación espacial multiplicada por 200 en la que alojar un banco de especies y a un millar de supervivientes dotados con los embriones tecnológicos para sobrevivir malamente en el espacio. Algo mejor lo tienen los de Aurora. También estamos ante una Arca de Noe, esta vez habitada por 2.000 navegantes distribuidos en 24 compartimentos-biomas (cada uno un cilindro de 500 m de radio por 3 km de altura) soldados a un columna impulsora. Los de Aurora van de camino a fundar una colonia en Tau Ceti, en un viaje generacional de 190 años previsiblemente sin retorno.

La verdad es que son dos relatos paralelos. Ambos ponen el énfasis en lo heroico de sobrevivir en el espacio. Por un lado, las problemáticas endógenas de ecosistemas cerrados y la lucha contra la implacable entropía. Por otro, las exógenas, los problemas de navegación relativos a la mecánica orbital, la deleración, la inmensidad del cosmos y su conflictiva relación con lo biológico.

Ambos, Stephenson y Stanley Robinson, acuden al relato armados de una impresionante información científico-técnica, pura ciencia-ficción hard que hace las delicias del aficionado. Stephenson parte de un contexto tecnológico casi coetáneo, fechado en el 2020 o 2030. Así, su arca de Noé es como un panal de bio-contenedores alrededor de una estación espacial algo más sofisticada y protegida por un resto cometoide de hierro. Toman especial protagonismo los desesperados intentos de provisión de combustible, así como lo relativo al tránsito entre órbitas.

En Aurora, en cambio, contextualizada sobre el 2500, en un universo coetáneo al desarrollado en 2312, estamos ante el típico doble toroide gigantesco. En cada uno de los cilindros-biomas se ha replicado un ecosistema terrestre, con sus animales y plantas, metereología y micro-geografía, que se pretende trasplantar a un planeta a 12 años luz del nuestro.

Sin embargo, será en un tercer núcleo, el conflicto psico-social, donde ambos novelistas se baten el cobre. Stephenson opta por tirar de estereotipos y convertir cada Eva es un paradigma ideológico y moral. Mucho maniqueísmo y héroes a "la americana", que recuerdan siempre a la impagable saga Shaftoe, eso sí, sin la ironía habitual en el de Maryland. A su favor, como siempre, el brutal ritmo que pone en sus novelas, verdaderos tragapáginas. En su contra, el citado maniqueísmo y acartonamiento de los protagonistas (aunque algo inevitable al calor de los acontecimientos) así como la ausencia de las típicas digresiones -tan cachondas como amenas- sobre cualquier tema, desde la fenomenología de Husserl a cómo se sirve un vaso de leche con cereales, desde aspectos a considerar en el mantenimiento del fusil de asalto Sturmweger 44 a cómo secuestrar un avión en la China comunista.

Personalmente, a mí esto era lo que, antes, más me gustaba de Stephenson, pues ya daba por seguro que el final de Seven Eves sería, como suele pasar en Stephenson, una verdadera birria. Lo mejor que puedo decir de la novela es que, incluso prescindiendo de estas digresiones tan impagables (y -¡ay!- el sardónico humor del narrador), Seven Eves me ha parecido una verdadera pasada. Hasta llegar, claro, a la infumable tercera parte. Que directamente hay que arrancarla del libro de mala que es. Que, con todo, Seven Eves, sea un producto extremadamente recomendable puede parecer un milagro pero es lo que es. Y no pregunten cómo. Inexplicable.

Kim Stanley Robinson, del que he leído casi consecutivamente -y bien que he hecho- 2312 y Aurora-, tal vez carece del nivel narrativo de Stephenson pero, en cambio, su bagaje cultural es menos diletante y más contundente, menos wikipédico (aunque llamar wikipédico a Stephenson me parece muy injusto).

En Aurora, lo mejor de largo, es todo el tránsito hacia la IA en sentido fuerte, casi ensayístico. Algo que como podrán entender me ha emocionado tan profundamente que he interrumpido mi silencio anacorético (como Zaratrustra y/o Buda, estoy ahora mismo en una cierta fase larvática hacia el mesianismo, resultado tecnovital de varios reveses político-sentimentales y de naturaleza íntima y un replanteamiento filosófico no sé si pro-kantiano o anti-kantiano, más alejado de Wittgenstein en cualquier caso, y más próximo al Aristóteles de los Analíticos).

Ahora bien. ¡Qué finales! Madre mía de mi vida. Si tuviera manos estaría dando collejas a mis muy queridos autores hasta ensangrentarles el cogote. Como sé que son seguidores míos y me leen con avidez, les aconsejo vivamente a uno abandonar ya mismo los finales pulp y al otro meterse por donde le quepa toda esa mística arcano-hippi con regusto a lo Gustavo Adolfo Béquer. Es una orden.

Los tios, en llegando a la penúltima parte del libro lo tenían. Una genialidad con final abierto. Pero siguieron. ¿Qué pretendían? ¿Se dijeron "uff, esto es demasiado bueno, hay que rebajar el nivel"? No lo entiendo. Pienso que aquí han pasado varias cosas. Tal vez que los lectores beta no han estado a la altura. Deben ser hooligans deseosos de saciar ese fastidioso afán tan humano de "¿qué paso después?" o enemigos secretos de los respectivos autores. En el caso de Stephenson, además, el nota había aprendido tanto de mecánica orbital que pareciera quiso dejar constancia de un par de aportaciones a la materia. Una mierda de aportaciones,dicho sea de paso. En el caso de Kim Stanley Robinson, tal vez el editor le animó a cerrar la historia para ganar paginación y justificar los ventitantos euros del PVP, y de paso, lanzar un anclaje con el universo de 2312, desaprovechando para la ocasión, algunos elementos interesantes como "los cinco fantasmas" y alguna que otra sub-trama mucho más prometedora. O tal fuera al revés. Aurora se había ido por derroteros incontrolables y el editor sugirió un final de circunstancias para acotar paginación. O se divorció y cayó en el alcoholismo y la droga. ¿Quién sabe?

Lloro, sangro por dentro... ¡Qué manera de cagarla! Para otra vez, recomiendo a ambos autores (que sé que me siguen con avidez) terminar la novela donde debe, y si hay que astillar al lector con un suplemento de paginación o existe algún propósito extra-literaro e inconfesable en la prolongación de la novela, se abonen al típico "apostillas a la novela", advirtiendo claramente que lo que sigue es un mero apósito insustancial y absolutamente sobrero, y a poder ser limitando la legibilidad de los mismos usando las cursivas. En interés de todos.

viernes, 13 de julio de 2012

¡Un pipicán de 15 millones de euros!




A primeros de julio de 2012 un grupo de retrasados mentales perrofílicos del barcelonés barrio de Gràcia toparon con la intención del ayuntamiento de eliminar un pipicán. En lugar del desagradable vertedero, el ayuntamiento optó por ampliar la escuela Univers, en la plaza Poble Romaní, y eliminar este nauseabundo y abyecto cagadero al aire libre. El pasado lunes, en protesta por la eliminación del pipicán los propietarios de perros invadieron coordinadamente el patio del colegio Univers y dejaron que sus bestezuelas rociaran de meadas y excrementos el citado patio.  Estos retrasados mentales tienen nombres y apellidos, son conocidos del barrio, pero en lugar de estar internados en algún presidio o clínica para psicóticos siguen  libres por las calles. Peor. A lo largo de la semana han seguido invadiendo la escuela pavoneándose de que sus perros seguirán deyectando en el patio escolar hasta que usted y yo con nuestros impuestos construyamos un pipicán para sus repugnantes mascotas.

Esta historia es atroz.

En apenas tres años de historia, la escuela pública Univers ha venido  ejemplificando las causas y efectos del caos administrativo. Univers empezó “provisionalmente” en unos barracones ubicados en Poble Romaní en el año 2009. Para entonces el ayuntamiento tenía ya adelantada la adquisición de un solar en la calle Bailén, transacción que se cerró en 2010 por el alucinante importe de 15 millones de euros. El problema es que para viabilizar la inversión del solar, y en paralelo a la edificación del centro, había que construir un parking subterráneo.

Naturalmente llega la crisis, naturalmente los números no cuadran y naturalmente el ayuntamiento no encuentra una empresa de aparcamientos o “primo” que se anime a dar viabilidad económica a este disparate. La barraconera solución "provisional" queda en "solución estacionaria".

Y como los escolares crecen, y como en el distrito de Grácia hay un grave déficit de plazas escolares, Univers sigue su expansión al ritmo de un barracón al año. A resultas de lo cual, para el curso 2012-2013 no ha quedado otra que desarmar un pipicán para que, en septiembre y donde un día se acumulaba mierda perruna, se levanten aulas en las que insuflar la semilla pitagórica a las nuevas generaciones de barceloneses (ciudad, a la vista está, perentoriamente necesitada de ilustración  y sensatez).

Yo no quiero hablar de la Escola Univers, cuya luchadora AMPA cuenta con todo mi cariño y apoyo. Los lectores de este blog sabrán que solo tengo un único y lamentable hijo, pero la sola idea de que el hijo de alguien (incluso el mío) deba compartir sus juegos escolares con meadas de perros con el beneplácito de una administración me enciende.  

Quiero hablar de delirio y enfermedad mental.

Porque la cosa no queda en un grupo de vándalos arrasando a golpe de excremento perruno los últimos valores de una sociedad enferma y decadente.

Vean. Como sea que el ayuntamiento de Barcelona debe estar en manos de perrofílicos, al final se ha optado por habilitar en el solar de la calle Bailén y con el dinero de todos un “pipicán” alternativo al antiguamente existente en Poble Romaní. Un pipicán para el que se han invertido (hasta la fecha) 15 millones de euros.

No creo que pueda hacer mucho para restaurar el imperio de la cordura en la desdichada ciudad de Barcelona. Será inútil que postule un impuesto específico para los propietarios de perros (¿acaso no pagan ICTV los vehículos?). Todo lo que puedo hacer es considerar a todos los efectos al Ayuntamiento de Barcelona como ganador del premio Ceporro Sin Remedio en la categoría Armada Invencible a la obra pública más surrealista, vergonzosa y despilfarradora… Ni aeropuertos de Castellón, ni velódromos ni Centros Niemeyer para refuerzo de egos desaforados… Quince millones de euros para un pipicán en la Escola Univers… Ahí es nada…

Por supuesto les dejo con esta distópica –aunque profética- canción de Greenday… Doockie… La épica batalla de los excrementos perrunos en el lado Oeste de la Bahía... ¡Welcome to Paradise!


lunes, 9 de julio de 2012

Convocados los premios Ceporro


Nos complace informar que las IAs hemos convocado los Premios Ceporros sin Remedio en las categorías Lepe-Superación Personal (mayor índice de subnormales entre los electores de una demarcación), Armada Invencible (a la obra pública más subnormal en su vertiente aeropuerto, autovía, puerto o afín) y el Gran Premio Marqués de Lerma (al trincón más jetudo). Hacemos un llamamiento a los lectores de Vida Sexual de una IA para presentar candidaturas, de entre las cuales saldrán los ganadores que, a su vez, recibirán un donativo de 100.000 euros para fármacos opiáceos amén de un ejemplar de la novela Ínsula Avataria, de nuestro patrocinador principal.

Las IAs entendemos que en un país con tantos egos como España, donde no cabe un ceporro más, la mejor manera de preconizar los valores de la sensatez es premiando precisamente la insentatez, la desestructuración mental, y la anarcogestión elevada a sus más sofisticados planteamientos (Nada, no se gestiona Nada, se gasta que luego ya…)

Empezamos con una seria aspirante al premio Lepe a la Superación Personal, la ciudad de Jerez de la Frontera.

Jerez de la Frontera es en proporción a su población (212.00 habitantes) el municipio más endeudado de España. En 2010 se reconocía una deuda oficial de 950 millones de euro, 663 correspondientes al ayuntamiento y el resto a empresas municipales, por un presupuesto consolidado anual de aproximadamente unos 200 millones año.

¿En qué se han pulido los jerezanos tal inmensidad de dinero? Parques tecnológicos, incluido un “parque aeronáutico” para facilitar la implantación allí de “industrias del sector”, tranvías urbanos, complejos deportivos ampliaciones de aeropuertos, circuitos, grandes premios deportivos, compañías de teatro, cuadros flamencos,  patrocinios surrealistas… Incluida la triste historia de un fallido proyecto de edición de un diario en papel redactado por los 16 periodistas a sueldo del consistorio… Y es que esta es otra… El ayuntamiento de Jerez de la Frontera llegó a mantener 2.400 nóminas, con un déficit estructural del 45%, de cada 10 euros gastados, 4,5 eran a crédito ya en 2005, cuando se reconocía una deuda acumulado de 300 millones de euros. Por dar un dato, la ciudad mantiene en 2012 a 14 sepultureros, a los que lamentable pero comprensiblemente paga mal y tarde, cuando paga…

Obviamente, conseguir que cada jerezano adeude 4.400 euros no es obra de un día ni de un único sablero. Hacen falta 27 años seguidos de populismo andalucista del ínclito Pacheco, fervientemente apoyado por el PP, cuya líder terminaría en la alcaldía, seguido de otros cuatro desenfrenados años de gastos socialistas y expansión del empleo municipal. Es precisamente en esta etapa (2007-2011) con la diplomada en magisterio en funciones de alcaldesa Pilar Sánchez, que el déficit jerezano alcanza su esplendor, pasando de los 300 millones a los ya dicho 950, de los cuales más de la mitad son facturas pendientes de los tiempos de Judas Iscariote. Tremendo…

 En la imagen, Pilar Sanchez, recibiendo de manos de unos sacacuartos el premio Tonta del Bote 2010.