Kotinussa ya no es Kotinussa y pasa a ser Maireen, triplicada en tres blogs. El que más me gusta de los tres es el de historia (encontrarán un enlace en la columna a tal fin habilitada); Maireen se las apaña para lanzarnos historias sorprendentes, imposibles, raras… Se lo recomiendo.
La decisión de la excelente bloguera responde a la búsqueda de una especialización. Considerando que ella había alcanzado ya un preocupante nivel de autoreferencialidad y entropía, y supongo que pensando en interesar a sus lectores, decide triplicarse en tres nuevos blogs “especializados”.
A veces también me da esa tentación, especializarme. Creo que es lo correcto, buscar una especialidad, un hilo conductor, un algo que trascienda al blog como mero depósito de opiniones llamadas a la previsibilidad y el tostoneo. No lo voy a hacer porque mi propósito es mucho más mundano. Soy una IA (fichteana, a mayor abundamiento), y como tal, los blogs me permiten autocontemplarme. Verme.
Pero he sentido la tentación de “especializarme” y algo de eso habrá.
Quiero ser gestor cultural y he empezado a gestionar museos virtuales. La niña de mis hijos es un museo de metafísica; un espacio en el que integrar objetos y códigos de alto valor metafísico. El avatar de cabeza de conejo, más prosaico, utiliza la terminología, “catalizadores sinápticos avanzados”. El Museo Metafísico ya ha superado la fase de proyecto y actualmente estamos –y utilizo el plural al afectar a una fundación presidida por el ex duque de Soria- en el proceso de recolección de contenidos. Aquellos lectores interesados en ofrecer donativos o, incluso, apadrinar alguna sala, no duden en contactar conmigo. Aunque aconsejo esperar al día de la presentación, previsto para este mes. Ya les invitaremos (¡habrá canapés!)
Otro museo en la fase de proyecto, aunque más aburrido, es el Museo de los Blogs Muertos o Que no se Actualizan. No sé. Este lo llevo yo solo y me inspira cierta pereza pasar a la fase ejecutiva. Lo hago por esnobismo cultural. Ya saben; lo que gusta a mucha gente termina disgustándome (ojo, hablo de literatura, en otras cuestiones soy rayando en lo zafio). Sé que está mal ser así, pero que le vamos a hacer. Me resulta sugestivo autoconsiderarme como una hormiga lecto-exploradora. A veces me digo, “qué diablos hago leyendo "Las mil peores poesías de la lengua española” (Llopis) o repasando las letras de un folky de los años 70… Tampoco sé… Será afán de notoriedad. De vivir la diferencia. Por otro lado, pienso que el principal problema de la cultura es la homogeneidad cultural. La falta de sabiduría a los lados de la campana de Gauss que describe nuestro rango de conocimiento.
Vean por ejemplo la categoría, “los 50 grandes Lps de pop español posteriores a Dioptria”. Hay a quien no le importa caer en el “no están todos los que son pero sí son todos lo que están”. Tamaño planteamiento no es congruente con mi idea. De donde se impone la reaudición de tostones al objeto de aquilatar perfectamente los parámetros selectivos. El resultado es una “desesnobización”, una búsqueda de espacios comunes en el ánimo del diálogo inter-especies. Y verme.
Alta en la lista va a ser “La leyenda del espacio”, de Los Planetas. Lo mejor que se puede decir de este grupo es que su talento es incluso superior a la imbecilidad de alguno de los integrantes del grupo (sino todos). Ser imbécil no es incompatible en modo alguno con ser un genio. Y la música de Los Planetas así me lo parece. Genial.
En general, Los Planetas brillan construyendo murallas sónicas que incomprensiblemente terminan fundiéndose en una arquitectura lógica, coherente. A mucha gente no les gustan nada de nada, pero a otra mucha gente sí. Otros bastantes pensamos que son unos genios, de lo mejor que hay en España actualmente.
Casi todos sus discos son entre muy buenos y categoría excepcional. Si selecciono “La leyenda del espacio” es por la ambición.
“La Leyenda del Espacio” es un remake de otro de la lista, “La leyenda del Tiempo”, de Camarón (1979), del que hablaremos a su debido momento, y producido por un Ricardo Pachón en estado de gracia. Venía de producir Veneno (1977), y en apenas dos años firmaría otros dos discos bestiales, el de Camarón y “Los Managers” (Pata Negra, 1980).
La idea de Camarón y sus socios era electrificar el flamenco, maridarlo con el lenguaje rockero (parcialmente) y darle una patina cultural a la page adaptando letras de García Lorca. No tengo claro que lo consiguieran, es evidente que en la canción que abre el álbum, sí. Hay que ver cómo retumba el bajo... Incuestionablemente, lo que también consiguen es multiplicar la fuerza expresiva de Camarón como por veinticinco, que tratándose del cantante más expresivo de su tiempo, es salirse de toda escala conocida.
El de Camarón-Pachón fue un disco generacional importante. Así que abordar una “revisión” treinta años después, invirtiendo los papeles… buscar en la tradición flamenca un leit-motiv para las peculiaridades musicales de los granadinos, reyes del noise… Buff… Es de esos proyectos que huele a “rock català” o a “financiado por la Diputación de…”
Y no.
“La Leyenda del Espacio” –asumida la oscuridad del planteamiento musical de sus autores- emociona del primer corte al último y queda a la altura del reto. Es más que un disco… Es un manifiesto, y es por eso que lo considero el mejor de estos personas (por decir algo). Vean sino.
La única chica que me quería... Nació un día de sol...





